miércoles, 30 de mayo de 2007

De lo mucho que cuesta a veces


Hoy, como muchos otros días fue ambivalente. Disfruté de una charla amena, unas cervezas y una compañía que me agrada. Excelente podemos decir, pero no falta luego el pelo en la sopa. A veces veo lo que tengo y siento que el camino es cuesta arriba. Muchas veces me pregunto ¿qué es lo que hago?, ¿cómo es que una y otra vez llego al mismo sitio?, ¿Qué actitud debería asumir para evitar que volviera a hacer lo mismo? Y cada vez que me pasa recuerdo un dialogo de mi película favorita Jóvenes corazones gay en la que Arnold y Alan acaban de conocerse y están platicando en un restaurant. Alan le dice que se ha cansado de que cada vez que conoce a un hombre, éste lo único que desea es acostarse con él. Arnold le responde “que curioso, cada vez que conozco a un hombre lo único que desea es platicar conmigo”.

A veces me siento identificado con Arnold. Últimamente he recibido muchos halagos por parte de jóvenes que me dicen lo guapo que soy, lo atractivo que les resulto pero ahí curiosamente de lo que se trata es de sexo express, ya, ahora, en este instante, no hay nada que pensar. Y pienso que nuevamente me encuentro en una situación que no me agrada ¿qué quiero entonces? ¿Por qué me quejo?

Creo que como humano que soy, estoy lleno de contradicciones, deseos, necesidades, y una que otra frustración.

Pero bueno, a veces me parece obvio lo que deseo, a veces no es tan claro. Creo que lo que me gustaría es poder dar y recibir afecto sin temores, sin cortapisas, sin esperar que surjan las verdaderas intenciones. Por otro lado esa situación también podría interpretarse como una señal de que ahí puede haber algo interesante, oculto, posible, incipiente.

Creo que lo que más me frustra a veces es vivir en una sociedad con cánones de conducta tan rígidos, heterosexistas y homofobos. Una sociedad que no gusta de ver a dos hombres caminar tiernamente del brazo, en la que uno recarga la cabeza en el hombro del otro. Una sociedad en la que no es bien recibido el hecho de que dos hombres se demuestren afecto. Una sociedad que nos enseñó a sentirnos avergonzados por expresar esas emociones, sentimientos y expresiones de afecto.

De la poesía

La poesía siempre ha llamado mi atención, desde chiquito me sorprendían las cosas que se podían decir con palabras y más me sorprendía cuando no sólo el contenido sino la forma eran bellas. Así fui aprendiendo a conocer a los poetas. Incluso alguna vez me dio por hacer poesía. No sé cuantos fueron, cien, doscientos los poemas que escribí y que creo que no eran del todo malos, pero que no alcanzaron a ser devorados por la crítica de unos potenciales lectores. Quizás aún anden por ahí, en alguna caja, en algún rincón sin que nadie les preste atención.

Por supuesto tengo y he tenido a lo largo de la vida mis favoritos. Recuerdo haber disfrutado a Neruda, a Benedeti, a Villaurrutia, a Pellicer y a tantos otros que me regocijaban con sus palabras.

Hace poco recibí de parte de mi compañero un libro de poesía gay que he disfrutado ampliamente, en un gusto solitario, pero del cual quiero compartir unos muy breves fragmentos que me hacen pensar en mi propio gusto y deseo:

Anacreonte (572-485 a.C.)

- Jovencito que tienes una mirada virgen
trato de conseguirte pero tú no me escuchas.
Y es que no eres consciente
de que en tus manos llevas las riendas de mi alma.

Teognis (finales del siglo VI a. C.)

Oh joven, mientras que tengas aún imberbe la barbilla, no dejaré de acariciarte aunque tenga que morir por ello.

Al Mutamid (1040 d.C)

Espada su nombre, espada sus ojos. Desenvainadas, las tres me matarían.
¿No le basta con una? Pero incluso me golpea la vaina, sus párpados.
Cuando le cautivé sus ojos coquetones me cautivaron;
amos y cautivos, los dos, a la vez.
¡Oh Espada, trata a tu cautivo de amor con compasión!
No te pido libertad como galardón.

Ben Guzmán (1086-1160)

Para beber/ nos juntamos ayer
ese doncel/ de ojos bellos y yo.
Vez y otra vez/ en la boca le di
besos ¡Qué buen / azuquítar por Dios!
Antes de estar/ ebrio me emborraché.

Richard Barnfield (1574-1627)

Hay veces que quisiera ser su almohada,
y que robando un beso, no me viera;
que le mirara yo –cuando durmiera-
aunque temblara el miedo en mi mirada.

Evidentemente he seleccionado los que me satisfacen personalmente, los que disfruto porque le dan voz a muchos de mis pensamientos, porque finalmente, disfruto de un inteligente efebo.

viernes, 25 de mayo de 2007

Los amorosos son locos, sólo locos, / sin Dios y sin diablo.


Para Y

«El Poliamor es un tipo de relación donde cada persona tiene libertad para mantener más de una relación al mismo tiempo. No se basa en la monogamia como modelo de felicidad, lo cual no implica la promiscuidad. No se trata de buscar nuevas relaciones de una manera obsesiva por el hecho de que exista esa posibilidad, sino que consiste en vivir de una forma natural disfrutando de esa libertad.

El Poliamor presupone una honestidad total en el seno de la relación. No consiste en engañar o hacer daño a nadie. Tiene como principio fundamental que todas las personas que participan son conscientes de la situación y se sienten cómodos con ella.»

http://poliamor0.tripod.com/castellano/

Hace tiempo que me viene dando vueltas en la cabeza la cuestión del poliamor, desde que escuché una ponencia al respecto en un congreso en Guadalajara. Me llamó la atención al pensar en el acuerdo que establecí con mi pareja hace años y que es la base y fortaleza de nuestra relación.

Al principio para mi fue difícil aceptar dicha posibilidad pues, como la mayoría, había sido criado en un contexto heterosexual, monógamo aunque con algunos cuestionamientos, muy superficiales, a los acuerdos tradicionales de pareja. La exclusividad y los celos requirieron que los reflexionara, que me diera cuenta que no era eso lo que hacia valiosa mi relación y que la vida nos ofrece un mundo de opciones para relacionarnos.

Supongo que pasaron unos seis años antes de que pensara en la posibilidad de tratar a otras personas más allá de la simple relación de amistad, que me diera chance de reconocer que mi corazón daba para más de un inquilino. Fui conociendo personas y me fui dando cuenta de que podía sentir un afecto importante hacia ellos, no sólo de amistad, sino de un afecto que llegaba a involucrar un interés erótico.

Por otro lado, me di cuenta de que, a diferencia de muchas otras personas, me resultan básicamente insípidas las relaciones sexuales anónimas. Más allá del desfogue que proporciona un orgasmo, para mi suelen ser poco satisfactorias. No es que me tenga que enamorar para poder disfrutar un encuentro sexual, sino que para mí, el contacto con un cuerpo deseable, con unas manos que no sólo no me conocen, sino que no les interesa hacerlo, me resulta bastante indiferente.

Un amigo, un amante es alguien que te conoce, que se interesa en ti y por el cual tú te interesas. Alguien con quien puedes disfrutar tanto de una charla en torno a una cerveza como del goce del contacto de los cuerpos. Me gusta básicamente poder conocer íntimamente a esa persona que me seduce, no sólo a través de los sentidos, sino también de mi intelecto. Un sujeto hermoso que no es capaz de despertar mi curiosidad con una frase provocadora, con un comentario ingenioso o un cuestionamiento agudo, difícilmente despierta un interés erótico en mí.

Por otro lado, entre más conozco a otras personas valoro más mi relación actual, me doy cuenta de lo importante que es y que disfrutamos tanto estar uno junto al otro, escucharnos, apapacharnos, solidarizarnos, apoyarnos; como nuestra independencia y libertad.

En esta relación fundada hace años aprendimos los importante que era precisamente que podemos compartir muchas cosas, que disfrutamos, aprendemos, nos regocijamos y crecemos uno al lado del otro, pero que somos sujetos independientes, individuales, con intereses particulares, que no somos clones, ni siameses, ni esclavos de los celos del otro.

Finalmente quisiera terminar con un fragmento de Los amorosos de Jaime Sabines.

«Los amorosos salen de sus cuevas

temblorosos, hambrientos,

a cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,

de las que aman a perpetuidad, verídicamente,

de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite


miércoles, 23 de mayo de 2007

Encuerado en el zócalo, ¡que experiencia!


Hoy viví una de esas experiencias de las que se dan pocas veces en la vida.

Dieron las 3:56 en el despertador y antes de que sonara abrí los ojos. Ya era hora de levantarse, ¡que flojera! Ni modo, era un compromiso, así que arriba. Todavía un poco dormido había que vestirse y arreglarse para salir. Todo en silencio y tranquilo hasta llegar a calzada de Tlalpan ¿qué onda? Demasiado cargada la avenida para mi gusto, aunque no estando habituado a andar a esas horas, pues podía ser que fuera normal, pero al llegar a San Antonio Abad la cosa si se puso verdaderamente fuera de serie. Para empezar el transito estaba siendo desviado y no había paso rumbo al centro de la ciudad, todos los accesos bloqueados hasta el eje central y desde ahí el tránsito podía ser el de cualquier día entre semana a las 2 de la tarde. A vuelta de rueda hasta República del Salvador, donde dimos vuelta y desde ahí empezar a buscar si existía algún lugarcito donde dejar el coche. ¡nada! Ni un sitio. Una calle, otra, ¡por fin! En la esquina con Isabel la Católica un lugarcito. Estacionarse y desde ahí, seguir junto a decenas de personas que caminan con paso acelerado rumbo a 16 de septiembre.

Al fin al llegar a esa calle ¡una fila inmensa para llegar al zócalo! Desde ahí el paso es lento, poco a poco y rodeado de cientos de jóvenes empezamos a caminar. Nos desvían nuevamente, ahora hacia Madero, pero la cantidad de gente es aún mayor y la cosa se empieza a poner medio pesada. Todos quieren pasar pero el acceso es cada vez mas estrecho. Empujones, jalones y hasta uno que otro tropiezo para poder pasar a través de un acceso y por fin estar del otro lado. Cada quien con su formato en la mano pasamos y lo entregamos a alguno de los voluntarios que ahí se encuentra. “Rápido por favor”, nos dicen. “Caminen hacia el área de espera”

Por fin llegamos al zócalo, iluminado por sus faroles y donde se encuentra ya una buena cantidad de gente. Nos piden que nos acerquemos a donde hay muchos chavos sentados en el piso y que hagamos lo mismo tratando de ocupar el menor espacio posible. La consigna es colocarse dando el frente hacia el hotel Majestic.

Por donde quiera se ven rostros de jóvenes expectantes y alegres. Gritos, rechiflas, goyas, hasta el “Cielito lindo” se escucha entonado por estos jóvenes alegres.

Nos piden paciencia, hay que esperar porque se nos darán las instrucciones Mientras tanto la gente se empieza a inquietar. Algunos quieren ir al baño, muchos encienden cigarrillos, algunos prefieren hacerse “bolita” y dormir un rato. La espera se va volviendo pesada. Continuamente pasan voluntarios voceando instrucciones que mueven a risa, rechiflas y hasta mentadas por parte de los asistentes. Hacia los que siguen entrando al zócalo gritos de ¡guevones!”.

Algunas personas se asoman a los balcones del hotel, para ellos gritos de “qué se encueren” El ambiente en general es festivo pero con el paso de los minutos se va apagando, es evidente que la gente está desmañanada, cansada, algunos ni siquiera durmieron, se vinieron directamente del antro. Cuando empezaba a clarear el día, por fin Spencer Tunick salió a dar instrucciones. Con su escaso español, saludó y dio la bienvenida. La gente se tornó un poco más eufórica. Continuamente pedía silencio para dar las instrucciones.

Habría una toma en el zócalo y otra en 20 de noviembre. Sobre la plancha había que ocupar un solo cuadro por persona y seguir las instrucciones que fuera dando. El tiempo era poco y se requería que la gente siguiera al pie de la letra lo que se nos pedía.

Por fin llegó el momento: 1, 2, 3 a desvestirse. Con una rapidez inusitada todo mundo se desnudó. Era importante fijarse donde había uno estado porque ahí se quedaría la ropa, hecha un montón para recogerla en un rato más.

El frío calaba pero en cambio se compensaba por la posibilidad de ver todos esos cuerpos desnudos, ¡maravillosos! La mayoría jóvenes y aparentemente clase media (según El Universal entre 25 y 40 años y profesionistas) Pero hubo más cosas que fue importante darse cuenta de que la mayoría eran jóvenes varones bastante atractivos ¿Por qué me gustaron tanto la mayoría? ¿Por qué resultaba grato ver tantos cuerpos hermosos?

Según pude darme cuenta al reflexionar sobre el asunto casi no hubo personas con sobre peso, muy escasos los gordos, la mayoría de piel clara, jóvenes como lo he apuntado y mayoritariamente varones. No es para desechar todos estos asegunes de los presentes. Pero ¿dónde se quedaron los gordos?, ¿por qué casi no hubo morenos? ¿qué llevó a la autoexclusión? Habrá que reflexionar sobre el asunto.


En orden fuimos pasando a la plancha del zócalo hasta encontrar un cuadro disponible. Por supuesto ¿cómo evitar las miradas bragueteras? Era una maravilla ver esa parvada tan diversa. Penes de todo tipo: grandes, chicos, oscuros, claritos: Uno que otro rasurado. Nalgas ¡maravillosas! Redonditas, grandes, chiquitas como toronjas, unas con la piel muy tersa y otras más flojitas, pero para un enamorado de las nalgas fue un espectáculo dichoso. Pelos, pocos. Por supuesto con la población mucho más lampiña no fue posible ver a muchos peludos, y sólo uno o dos ositos.

El frío de repente hacia que algunos tuviéramos la tentación de salir corriendo pero la experiencia valía la pena. Otra cosa que llamó mi atención es que muy poca era la gente que se cubría los genitales, el pudor se había quedado junto con el montón de ropa.

También me sorprendió ver tantas parejitas heterosexuales que vivieron juntos su experiencia. Por supuesto también pude detectar a muchos chavos gay que en pareja o en grupo acudieron a la llamada.

Así, la diversidad de sujetos que estuvieron allí hicieron que valiera la pena el frío, la desmañanada y la espera. Todo con tal de estar encuerado en el zócalo.

Pero además la gente no sólo se encueró sino que aprovecho para hacer de esta experiencia la posibilidad de expresar muchas cosas. Así, como dije, se oyeron goyas, pero no sólo eso, Rivera fue blanco de uno que otro chiste cuando nos colocamos en posición frontal a la Catedral, pero también se oyeron consignas que delataban la molestia presente en la gente por lo que muchos seguimos considerando un fraude electoral en el 2006 y contra la modificación a la ley del ISSSTE.

Si los que estuvimos ahí no sólo fuimos a posar, también fuimos a expresarnos. La convocatoria fue de Tunick pero al final él y nosotros nos expresamos de distintas maneras.

sábado, 19 de mayo de 2007

Apapachos


Hoy estuve pensando en nuestras necesidades vitales. Comer, dormir, ir al baño, cubrirnos del frío, entre otras importantes, pero cuando nos referimos a estos aspectos vitales poco reflexionamos acerca de experiencias subjetivas como apapachar y ser apapachados.
Pero ¿cómo son los apapachos? Creo que en buena medida ahí si en gustos se rompen géneros tanto para apapachar como para ser apapachados.
A mi me gusta, por ejemplo, apapachar a las personas verbalmente, creo que es importante decirle a las personas cosas lindas y procuro hacerlo lo más seguido posible. Es increíble, sin embargo la escasez que se ha ido dando de esta clase de apapachos. Estamos estresados, molestos, nerviosos y lo que nos resulta más fácil es decirle a quien tenemos cerca que es un tonto, un estúpido y cosas peores, pero qué difícil suele ser decirle honestamente lo bien que se ve, lo inteligente que es o lo maravilloso que se puede comportar en un momento determinado, sobre todo nos cuesta trabajo cuando no tenemos una relación afectiva o cuando el que lo recibe presupone que existe algún interés oculto. Ni modo, vivimos en tiempos en los que la sospecha se vuelve una constante.
No es menos difícil recibir un elogio a nuestra persona o a nuestro trabajo: nos suben y bajan los colores, nos apenamos o sospechamos que no son del todo sinceros sino que solamente se pretende quedar bien.
A mi me suele costar trabajo recibir este tipo de elogios, quizás sea un poco de inseguridad en mi mismo, bueno, quien no la tiene de vez en cuando, es sólo que no sé contestar cuando me hacen un reconocimiento, realmente muchas veces no sé qué decir. Sin embargo que no sepa que hacer con ellos no quiere decir que no me gusten. Por el contrario, los disfruto mucho pues me hacen sentir que lo que hago bien vale la pena.
Luego están otro tipo de apapachos, los físicos. En mi casa estos fueron aún más escasos, hasta la fecha, con mis hermanos me cuesta trabajo abrazarme y sin embargo soy un goloso de los abrazos ¡me encantan! Pero me cuesta trabajo darlos. Recibirlos es más fácil. Sólo se pone uno flojito y disfruta uno verse envuelto entre los brazos del amado, de un amigo, de un pariente. Me gustan porque no sólo es el tacto lo que ahí se juega. También está el olfato. Es cuando tengo oportunidad de conocer esa parte íntima de las personas: su olor. Pero también en un abrazo puedes escuchar su respiración, los latidos de su corazón, en fin. Pocos contactos físicos disfruto tanto como un abrazo pero no de esos que la gente suele dar sacando las nalgas para no ponerse en riesgo, no, el abrazo que te envuelve, que te hace pegar tu oreja al pecho o a la cabeza de la otra persona. Más bellos pueden ser los abrazos por atrás, cuando el otro envuelve tu cintura con los brazos y puedes sentir el cuerpo de tu abrazador pegado a todo lo largo del tuyo.
Cuando sé que puedo hacerlo sin ningún temor, entonces si aprovecho la ocasión para abrazar a la otra persona, envolverla con mis brazos y aprovechar mis manos para recorrer su espalda o pecho, dependiendo.
Pero bueno, no todo son abrazos. También es lindo poder hacerle piojito a la gente sentir su cabello y si se puede, también olerlo, recorrer su oreja con los dedos, tocar el lóbulo, agarrar su cuello, en fin, a cabeza es un magnifico sitio para tocar a esa otra persona. Tambien me gusta que mi amigo, pase su mano por mi espalda, por mis brazos, por mis piernas, por mi pecho. Sentir el contacto de la otra persona por mi cuerpo.
Evidentemente este tipo de contacto tiene que ver con la persona con la que nos comunicamos de esta otra manera, corporal. Ahí, no es el contacto sino la interpretación que le damos lo que hace de ese un contacto sexual, tierno, cariñoso, afectuoso. Los contactos no son buenos o malos por si mismos no son eróticos o fraternos. Nosotros los hacemos así, porque deseamos sentir algo especial de una persona en particular.
En fin ¡QUE VIVAN LOS APAPACHOS! Y cuando te sobren regálame un abrazo.