
Hoy estuve pensando en nuestras necesidades vitales. Comer, dormir, ir al baño, cubrirnos del frío, entre otras importantes, pero cuando nos referimos a estos aspectos vitales poco reflexionamos acerca de experiencias subjetivas como apapachar y ser apapachados.
Pero ¿cómo son los apapachos? Creo que en buena medida ahí si en gustos se rompen géneros tanto para apapachar como para ser apapachados.
A mi me gusta, por ejemplo, apapachar a las personas verbalmente, creo que es importante decirle a las personas cosas lindas y procuro hacerlo lo más seguido posible. Es increíble, sin embargo la escasez que se ha ido dando de esta clase de apapachos. Estamos estresados, molestos, nerviosos y lo que nos resulta más fácil es decirle a quien tenemos cerca que es un tonto, un estúpido y cosas peores, pero qué difícil suele ser decirle honestamente lo bien que se ve, lo inteligente que es o lo maravilloso que se puede comportar en un momento determinado, sobre todo nos cuesta trabajo cuando no tenemos una relación afectiva o cuando el que lo recibe presupone que existe algún interés oculto. Ni modo, vivimos en tiempos en los que la sospecha se vuelve una constante.
No es menos difícil recibir un elogio a nuestra persona o a nuestro trabajo: nos suben y bajan los colores, nos apenamos o sospechamos que no son del todo sinceros sino que solamente se pretende quedar bien.
A mi me suele costar trabajo recibir este tipo de elogios, quizás sea un poco de inseguridad en mi mismo, bueno, quien no la tiene de vez en cuando, es sólo que no sé contestar cuando me hacen un reconocimiento, realmente muchas veces no sé qué decir. Sin embargo que no sepa que hacer con ellos no quiere decir que no me gusten. Por el contrario, los disfruto mucho pues me hacen sentir que lo que hago bien vale la pena.
Luego están otro tipo de apapachos, los físicos. En mi casa estos fueron aún más escasos, hasta la fecha, con mis hermanos me cuesta trabajo abrazarme y sin embargo soy un goloso de los abrazos ¡me encantan! Pero me cuesta trabajo darlos. Recibirlos es más fácil. Sólo se pone uno flojito y disfruta uno verse envuelto entre los brazos del amado, de un amigo, de un pariente. Me gustan porque no sólo es el tacto lo que ahí se juega. También está el olfato. Es cuando tengo oportunidad de conocer esa parte íntima de las personas: su olor. Pero también en un abrazo puedes escuchar su respiración, los latidos de su corazón, en fin. Pocos contactos físicos disfruto tanto como un abrazo pero no de esos que la gente suele dar sacando las nalgas para no ponerse en riesgo, no, el abrazo que te envuelve, que te hace pegar tu oreja al pecho o a la cabeza de la otra persona. Más bellos pueden ser los abrazos por atrás, cuando el otro envuelve tu cintura con los brazos y puedes sentir el cuerpo de tu abrazador pegado a todo lo largo del tuyo.
Cuando sé que puedo hacerlo sin ningún temor, entonces si aprovecho la ocasión para abrazar a la otra persona, envolverla con mis brazos y aprovechar mis manos para recorrer su espalda o pecho, dependiendo.
Pero bueno, no todo son abrazos. También es lindo poder hacerle piojito a la gente sentir su cabello y si se puede, también olerlo, recorrer su oreja con los dedos, tocar el lóbulo, agarrar su cuello, en fin, a cabeza es un magnifico sitio para tocar a esa otra persona. Tambien me gusta que mi amigo, pase su mano por mi espalda, por mis brazos, por mis piernas, por mi pecho. Sentir el contacto de la otra persona por mi cuerpo.
Evidentemente este tipo de contacto tiene que ver con la persona con la que nos comunicamos de esta otra manera, corporal. Ahí, no es el contacto sino la interpretación que le damos lo que hace de ese un contacto sexual, tierno, cariñoso, afectuoso. Los contactos no son buenos o malos por si mismos no son eróticos o fraternos. Nosotros los hacemos así, porque deseamos sentir algo especial de una persona en particular.
En fin ¡QUE VIVAN LOS APAPACHOS! Y cuando te sobren regálame un abrazo.
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