miércoles, 23 de mayo de 2007

Encuerado en el zócalo, ¡que experiencia!


Hoy viví una de esas experiencias de las que se dan pocas veces en la vida.

Dieron las 3:56 en el despertador y antes de que sonara abrí los ojos. Ya era hora de levantarse, ¡que flojera! Ni modo, era un compromiso, así que arriba. Todavía un poco dormido había que vestirse y arreglarse para salir. Todo en silencio y tranquilo hasta llegar a calzada de Tlalpan ¿qué onda? Demasiado cargada la avenida para mi gusto, aunque no estando habituado a andar a esas horas, pues podía ser que fuera normal, pero al llegar a San Antonio Abad la cosa si se puso verdaderamente fuera de serie. Para empezar el transito estaba siendo desviado y no había paso rumbo al centro de la ciudad, todos los accesos bloqueados hasta el eje central y desde ahí el tránsito podía ser el de cualquier día entre semana a las 2 de la tarde. A vuelta de rueda hasta República del Salvador, donde dimos vuelta y desde ahí empezar a buscar si existía algún lugarcito donde dejar el coche. ¡nada! Ni un sitio. Una calle, otra, ¡por fin! En la esquina con Isabel la Católica un lugarcito. Estacionarse y desde ahí, seguir junto a decenas de personas que caminan con paso acelerado rumbo a 16 de septiembre.

Al fin al llegar a esa calle ¡una fila inmensa para llegar al zócalo! Desde ahí el paso es lento, poco a poco y rodeado de cientos de jóvenes empezamos a caminar. Nos desvían nuevamente, ahora hacia Madero, pero la cantidad de gente es aún mayor y la cosa se empieza a poner medio pesada. Todos quieren pasar pero el acceso es cada vez mas estrecho. Empujones, jalones y hasta uno que otro tropiezo para poder pasar a través de un acceso y por fin estar del otro lado. Cada quien con su formato en la mano pasamos y lo entregamos a alguno de los voluntarios que ahí se encuentra. “Rápido por favor”, nos dicen. “Caminen hacia el área de espera”

Por fin llegamos al zócalo, iluminado por sus faroles y donde se encuentra ya una buena cantidad de gente. Nos piden que nos acerquemos a donde hay muchos chavos sentados en el piso y que hagamos lo mismo tratando de ocupar el menor espacio posible. La consigna es colocarse dando el frente hacia el hotel Majestic.

Por donde quiera se ven rostros de jóvenes expectantes y alegres. Gritos, rechiflas, goyas, hasta el “Cielito lindo” se escucha entonado por estos jóvenes alegres.

Nos piden paciencia, hay que esperar porque se nos darán las instrucciones Mientras tanto la gente se empieza a inquietar. Algunos quieren ir al baño, muchos encienden cigarrillos, algunos prefieren hacerse “bolita” y dormir un rato. La espera se va volviendo pesada. Continuamente pasan voluntarios voceando instrucciones que mueven a risa, rechiflas y hasta mentadas por parte de los asistentes. Hacia los que siguen entrando al zócalo gritos de ¡guevones!”.

Algunas personas se asoman a los balcones del hotel, para ellos gritos de “qué se encueren” El ambiente en general es festivo pero con el paso de los minutos se va apagando, es evidente que la gente está desmañanada, cansada, algunos ni siquiera durmieron, se vinieron directamente del antro. Cuando empezaba a clarear el día, por fin Spencer Tunick salió a dar instrucciones. Con su escaso español, saludó y dio la bienvenida. La gente se tornó un poco más eufórica. Continuamente pedía silencio para dar las instrucciones.

Habría una toma en el zócalo y otra en 20 de noviembre. Sobre la plancha había que ocupar un solo cuadro por persona y seguir las instrucciones que fuera dando. El tiempo era poco y se requería que la gente siguiera al pie de la letra lo que se nos pedía.

Por fin llegó el momento: 1, 2, 3 a desvestirse. Con una rapidez inusitada todo mundo se desnudó. Era importante fijarse donde había uno estado porque ahí se quedaría la ropa, hecha un montón para recogerla en un rato más.

El frío calaba pero en cambio se compensaba por la posibilidad de ver todos esos cuerpos desnudos, ¡maravillosos! La mayoría jóvenes y aparentemente clase media (según El Universal entre 25 y 40 años y profesionistas) Pero hubo más cosas que fue importante darse cuenta de que la mayoría eran jóvenes varones bastante atractivos ¿Por qué me gustaron tanto la mayoría? ¿Por qué resultaba grato ver tantos cuerpos hermosos?

Según pude darme cuenta al reflexionar sobre el asunto casi no hubo personas con sobre peso, muy escasos los gordos, la mayoría de piel clara, jóvenes como lo he apuntado y mayoritariamente varones. No es para desechar todos estos asegunes de los presentes. Pero ¿dónde se quedaron los gordos?, ¿por qué casi no hubo morenos? ¿qué llevó a la autoexclusión? Habrá que reflexionar sobre el asunto.


En orden fuimos pasando a la plancha del zócalo hasta encontrar un cuadro disponible. Por supuesto ¿cómo evitar las miradas bragueteras? Era una maravilla ver esa parvada tan diversa. Penes de todo tipo: grandes, chicos, oscuros, claritos: Uno que otro rasurado. Nalgas ¡maravillosas! Redonditas, grandes, chiquitas como toronjas, unas con la piel muy tersa y otras más flojitas, pero para un enamorado de las nalgas fue un espectáculo dichoso. Pelos, pocos. Por supuesto con la población mucho más lampiña no fue posible ver a muchos peludos, y sólo uno o dos ositos.

El frío de repente hacia que algunos tuviéramos la tentación de salir corriendo pero la experiencia valía la pena. Otra cosa que llamó mi atención es que muy poca era la gente que se cubría los genitales, el pudor se había quedado junto con el montón de ropa.

También me sorprendió ver tantas parejitas heterosexuales que vivieron juntos su experiencia. Por supuesto también pude detectar a muchos chavos gay que en pareja o en grupo acudieron a la llamada.

Así, la diversidad de sujetos que estuvieron allí hicieron que valiera la pena el frío, la desmañanada y la espera. Todo con tal de estar encuerado en el zócalo.

Pero además la gente no sólo se encueró sino que aprovecho para hacer de esta experiencia la posibilidad de expresar muchas cosas. Así, como dije, se oyeron goyas, pero no sólo eso, Rivera fue blanco de uno que otro chiste cuando nos colocamos en posición frontal a la Catedral, pero también se oyeron consignas que delataban la molestia presente en la gente por lo que muchos seguimos considerando un fraude electoral en el 2006 y contra la modificación a la ley del ISSSTE.

Si los que estuvimos ahí no sólo fuimos a posar, también fuimos a expresarnos. La convocatoria fue de Tunick pero al final él y nosotros nos expresamos de distintas maneras.

1 comentario:

Yorch dijo...

No cabe duda que lo interesante de Tunick, haciendo un lado la discusión de si es arte o no, es la experiencia en sí misma. Sin tomar en cuenta toda la publicidad que giró alrededor del acontecimiento, me queda claro (y tu relato me convence aún más) que no se tienen muchas de esas experiencias en la vida.
Por causas de fuerza mayor (pachangas, excesos y desenfrenos), yo no acudí al llamado de Spencer... Ni modo, ahora tendré que buscar la oportunidad de encuerarme en plena vía pública ¡aunque no haya foto!