
Sé que de repente este se puede volver un blog considerado únicamente como de poesía, sin embargo tengo la magnifica oportunidad de recopilar aquí muchos de esos poemas que me han dejado huella a lo largo de la vida y que disfruto leyéndolos y releyéndolos, no sólo por la belleza de las palabras sino porque cada uno, en su momento, tuvo un alto significado, me marcó y eso mucho ha tenido que ver con mis relaciones afectivas, principalmente las establecidas con muchos hombres maravillosos que recuerdo por su alta significación en mi biografía.
En esta ocasión quiero traer a colación dos poemas de Walt Whitman que me gustan mucho y se refieren a un hecho importante en mi vida.
Cuando estaba a tu lado
Cuando estaba a tu lado compañero, mi cabeza en tus rodillas
Te hice una confesión, la misma que ahora repito:
Sé que soy enemigo del reposo, que infundo a los demás análoga enemistad,
Sé que mis palabras son armas de doble filo, armas mortales,
Porque atacan la paz, la seguridad, el bienestar y todas las leyes establecidas.
Me siento más resuelto desde que todos me han renegado que lo que habría podido estarlo si todos me hubiera aceptado,
No me preocupo ni me he preocupado nunca de la experiencia, de las precauciones, de las mayorías ni del ridículo,
La amenaza de lo que llaman infierno o es nada para mí;
Y la atracción de lo que llaman cielo no existe para mí;
¡Querido compañero! Confiesa que te arrastro conmigo no sé adónde, sin conciencia clara respecto de la finalidad de nuestro viaje,
Sin saber si seremos victoriosos o totalmente vencidos y aniquilados.
A un extranjero
¡Extranjero que pasas! No sabes tú el deseo ardiente con que te miro,
Seguramente debes ser el que yo buscaba, o la que buscaba (paréceme recordarlo como a través de un sueño),
Seguramente hemos vivido juntos una vida gozosa, no sé dónde,
Todo esto revive en el mismo instante en que rápidamente nos cruzamos, fluidos, afectuosos, castos, maduros,
Hemos crecido juntos, eras un varón o una niña,
He dormido y he comido contigo, tu cuerpo ha dejado de ser únicamente tuyo, no he permitido a mi cuerpo ser únicamente mío;
Y me das el placer de tus ojos, de tu rostro, de tu carne, en el momento de cruzarnos, y tomas en cambio el de mi barba, de mi pecho y de mis manos,
No te diré una palabra, más pensaré en ti cuando me halle sólo o cuando despierte de noche,
Esperaré no dudando que no encontremos otra vez,
Y entonces, trataré de no perderte.












