viernes, 8 de junio de 2007

De la amistad



Seguiré con un tema tratado anteriormente y que por supuesto me interesa ampliamente por las consecuencias que tiene en la vida cotidiana de la gente y en primerísimo lugar en mi vida privada.

El asunto aquí es el relativo a la relación entre amor y amistad que siempre es causa de discusiones y debates, sobre todo cuando se hace referencia a la existente entre varones, como la famosa relación entre Federico García Lorca y Salvador Dalí, por ejemplo. Pero evidentemente esta es sólo una relación famosa entre miles anónimas como la que usted y yo podríamos tener.

En esta ocasión quiero recurrir a la ayuda de un extraordinario historiador norteamericano que tuvo el interés y la paciencia para hurgar en muchos de los archivos europeos, para tratar de seguir la historia de las relaciones entre varones a inicios del cristianismo. Para ello se tomó el tiempo para desentrañar el sentido de muchos de los términos que solemos utilizar de manera absolutamente anacrónica, por lo que mucho de su sentido original se pierde, y con ello el de las relaciones a las que hacían alusión, por lo que se suele creer que las relaciones siempre han sido como se supone que son en la actualidad. Y digo se supone porque los discursos que se refieren a esas relaciones pretenden imponer los juicios morales actuales a las relaciones que históricamente se han dado entre varones.

Así Boswell nos ayuda a clarificar las distinciones de lo que se ha traducido como amor y amistad en una época en la que el sentido que se les daba era distinto:

Una dificultad semántica similar, aunque menos específica, es la que presenta la supuesta dicotomía entre “amistad” y “amor”. En una tradición intelectual que se caracteriza por el predominio de categorías lógicas polarizadas y mutuamente excluyentes, la ausencia de clara distinción entre estas zonas de la emoción humana puede parecer muy grave, pero, desde el punto de vista académico, ninguna distinción entre “amistad” y “amor” puede evitar el ser extremadamente arbitraria. Nunca se ha propuesto una diferenciación científica, ni es fácil concebir un experimento que determine si el amor de una persona por otra es amistoso o erótico. Desde un punto de vista fenomenológico, parece probable que “amistad” y “amor” no fueran otra cosa que diferentes grados de una escala que mide una constelación de respuestas psicológicas y fisiológicas a otros seres humanos.

Esta aclaración me parece útil para entender muchísimas relaciones de los famosos. Pienso por ejemplo de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir quienes han sido considerados como una de esas parejas extraordinarias, que nunca vivieron en el mismo domicilio, pero de las cuales no suele pensarse como “simples amigos”.

Pienso en ese sentido que habría que repensar la idea de las amistades y darles una mayor importancia y no verlas sólo como alguien con quien vas al cine o a tomar algo. Un amigo es alguien MUCHO más importante, mucho más trascendente y por supuesto mucho más valioso.

No hay duda de que cada época le ha dado valor al contenido de los sentimientos que se expresan. La amistad en otras épocas tuvo un valor mucho más trascendente. Nuestra época, tan compleja, tan individualista, ha ido construyendo relaciones de otro tipo. Las mismas dinámicas sociales han hecho que en muchas circunstancias éstas tengan que ser superficiales.

Pero volviendo a Boswell, él afirma refiriéndose a la distinción entre amor y amistad que:

Desde el punto de vista histórico, la práctica concreta de semejante división resulta desesperanzadora puesto que la confusión y la duda no sólo reinan en el propio marco de referencia del historiador, sino también en el de las fuentes que utiliza. Por ejemplo, la noción popular de que la antigua Grecia expresaba claramente categorías discretas de emoción bajo los términos Fmia, erwz, agaph, es una noción erronea; en realidad el empleo de todos ellos implicaba una considerable superposición y ambigüedad. El verbo Fmew puede referirse igualmente a un amor desapasionado o a un beso ardiente. Sólo el contexto y un razonamiento juicioso pueden sugerir qué es lo que se quiere decir en cada caso particular.

Así, para evaluar nuestras relaciones sugiero que retomemos la propuesta de Boswell, observémoslas dentro de su propio contexto, entendamos que las relaciones tienen un sentido y un valor en cada momento de nuestra vida, démosles su justo peso. No menospreciemos ninguna de nuestras relaciones, no lo merecen. Quizás la mejor manera de vivir la vida es que en lugar de “matar el tiempo” como solemos hacer, lo vivamos plenamente y cultivemos esas relaciones que hacen más bella nuestra existencia.
http://www.fordham.edu/halsall/pwh/index-bos.html
http://es.wikipedia.org/wiki/John_Boswell

No hay comentarios: