miércoles, 13 de junio de 2007

De la complejidad humana


En estos últimos días que he tenido la oportunidad de
reflexionar más sobre quién soy, hacia dónde me
encamino, me he dado cuenta de lo complejo que resulta
el asunto. Sobre todo del lado de los sentimientos,
pues ahí hay una diversidad de aspectos que son
difíciles de entender.
Empezaré por los sentimientos que mi propia vida me
causan. Hasta hace unos dos años me consideraba un
sujeto como tantos otros, como suele decirse, sin pena
ni gloria, sin embargo mi vida empezó a tener algunos
cambios importantes, que a pesar de que uno los vea y
los reflexione respecto de otras personas, cuando le
tocan a uno la cosa cambia.
Al empezar a tener algunos éxitos profesionales y ser
reconocido por ello, en un principio me hacían sentir
extraño, como si esos reconocimientos no fueran para
mi sino para otra persona, apenas me la creía. Supongo
que uno no está preparado para eso y es lo que lleva a
que algunas personas “pierdan el piso” o como también
se suele decir “se suban en un ladrillo y se mareen”.
Sobre todo había visto a otras personas que habían
alcanzado metas semejantes y se habían transformado
radicalmente, lo cual me ha llevado a pensar si no
estaría yo mismo menospreciando esos éxitos que he
logrado. Este año, continué el ascenso y un amigo me
preguntó “¿qué se siente?” y le contesté que nada,
pero al paso de las semanas me di cuenta de que si
habían cambiado cosas, pues estos ascensos me
colocaban en un lugar de equidad con respecto a
algunas personas que durante mucho tiempo me habían
tratado con un dejo de menosprecio.
Debo decir que una cosa que siempre me ha parecido
terrible, es precisamente la actitud de la gente a las
que se les sube el éxito, y he querido que no me
suceda eso, pero evidentemente dice el dicho que “cómo
te ven te tratan” y en ciertos contextos si actúas de
manera humilde, así te tratarán, y por ello hay veces
que es necesario actuar de una manera diferente. Me
pesa hacerlo, pero creo que he logrado mantener las
cosas en su lugar y no actuar en todo momento con esa
actitud.
De manera semejante me pasó en otro ámbito totalmente
distinto. En el plano personal, igualmente había
sucedido pasar de ser un sujeto especialmente tímido a
alguien con una actitud más segura de sí mismo. Sin
embargo, eso no tenía que ver mucho con el trato
interpersonal con los hombres, hasta que recibí el
primer mensaje en el que me decían que soy guapo. Esa
vez, debo reconocer que me hizo gracia y no lo tomé
muy en cuenta, pero con el tiempo ese tipo de mensajes
se multiplicaron, y debo reconocer que a esos me he
acostumbrado menos. Creo que nunca me he sentido
especialmente atractivo y supongo que eso además tiene
que ver con mi propia biografía. Por otro lado, es un
hecho que ese tipo de halagos no han tenido que ver,
en la mayoría de los casos, con poder establecer
relaciones afectivas del tipo que sea: amistades,
amantes, o cualquiera otra. Si bien cada una de ellas
alimenta la egoteca, es evidente que pueden ser
palabras huecas si no van acompañadas por una cierta
cantidad de afecto. De ahí que, como suele suceder en
el plano profesional, cuando se reciben halagos, estos
pueden generar más la sensación de ser formulismos que
la gente utiliza porque así debe de ser. En algún
sitio leí la siguiente frase “algunas personas son
amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma”
y eso es un poco lo que yo veo en esas expresiones.
Como dije al principio estas cosas suelen ser bastante
complejas, sin embargo espero con el tiempo ir
avanzando en el entendimiento de los sentimientos,
míos y de los demás y lograr que la gente que me rodea
realmente se de cuenta de cuánto los aprecio y valoro
sus palabras, sus saludos, sus consideraciones.

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