Nos hemos ido formando en una cultura en la que hay ciertos valores que se resaltan por sobre otros. En el extranjero es común que llame la atención expresiones muy comunes en México como “seria usted tan amable…”, “disculpe, podría usted…”, “me permitiría…” y otras por el estilo que contrastan con la forma directa en que se suelen expresar en otras culturas. Constantemente escuchamos a las mujeres decir a sus hijos “¿cómo se dice?” esperando que los hijos usen expresiones como “por favor, gracias” entre muchas otras. Hemos sido educados para evitar decir cosas que pudieran ofender a la otra persona, y no es exactamente que seamos hipócritas en un sentido peyorativo, sino a que se nos ha enseñado que es “de mala educación” expresarnos de manera directa.
Es por eso que no nos atrevemos a decir cosas como “hoy no tengo ganas de verte”, “en este momento tengo otras cosas que hacer y no te puedo atender”, porque consideramos que sería una grosería con esa persona.
Es por ello que nos hemos hecho expertos en poner pretextos, aún con las personas a las que no conocemos. Constantemente les estamos diciendo a nuestros ligues cosas tan trilladas como el clásico “te llamo” hasta “nos ponemos de acuerdo para vernos” lo cual la mayoría de las veces sólo significa, “no te quiero ver”, pero no lo decimos directamente. Hemos aprendido a dar mil pretextos “mi abuelita se enfermó”, “tengo otra llamada”, “tengo mucho trabajo y no sé cuando me desocuparé”, etcétera, etcétera.
Incluso en el caso del msn, muchas veces mantenemos los contactos porque no nos atrevemos a borrarlos porque sería una grosería, aunque no nos haga feliz determinada persona.
Lo que he encontrado es que se suele ignorar un llamado argumentando “no me llegó tu correo”, “no me di cuenta y cuando te contesté ya no estabas”, etcétera. Tanto con las gentes que queremos como con las que no nos agradan solemos tener esta clase de comportamiento, porque se nos enseñó a no ser groseros. Creo que si efectivamente nuestra búsqueda es la de la honestidad, deberíamos poder decirle a la persona que amamos o que es nuestro amigo “hoy no tengo ganas de salir”, “me caes bien pero no deseo que me estés llamando todos los días”, “prefiero ser yo el que llame”, “no me gusta que siempre me traigas flores, preferiría que de vez en cuando sea yo quien haga el presente”, etcétera.
Y en la sexualidad también se requiere que se digan esas cosas. Cuando amamos a una persona no queremos decirle “me parece desagradable que hagas eso” porque podríamos lastimarlo y “me dejaría de querer”. Por algo hay gente que finge orgasmos, sólo para no perder el amor de la otra persona en lugar de decirle “me gustaría que cuando hagamos el amor no intentes tal o cual cosa, porque me desagrada”.
En fin, al menos deberíamos aprender a sincerarnos más con las personas, primero para que no terminemos mandándolas a volar porque al final nos chocó eso que nunca nos atrevimos a decir que nos desagradaba y luego para que aprendamos a respetar nuestro tiempo y el de los otros.
Creo que tendremos que reflexionar más acerca del asunto.
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