
Ayer después de haber trabajado un rato en casa decidí buscar un sitio más agradable para seguirle, sobre todo que el día estaba bastante lindo. Sali de la casa sin un rumbo fijo y mis pasos me llevaron hasta el Centro Nacional de las Artes, un sitio verdaderamente agradable para estar. Me acosté a leer en el pasto y caí en un profundo sueño que no debe haber durado más de 10 minutos pero que me relajó muchisimo, tanto como hace tiempo no lo estaba. Comprendí que de seguir allí no avanzaría en mi trabajo, así que me dispuse a buscar otro sitio para trabajar y qué mejor que frente a la escuela de danza. No sé cuanto tiempo pasé allí pero verdaderamente disfruté del lugar, de la vista, de los jóvenes que circulan continuamente por ahí, vaya que se la pasa uno bien en ese sitio. Una nube me hizo dudar de la conveniencia de quedarme ahí así que me dispuse a retirarme pero a la vez había algo que me retenía, ¿Por qué no disfrutar hasta el último momento este sitio? Así, que me volví a sentar jaja En eso estaba cuando escuché mi nombre. Levanté mi rostro y vi a un sujeto un poco obeso que me sonreía con una cara verdaderamente amable, me costó unos instantes darme cuenta de que era P un amigo que no veía hacia unos ¿10, 15 años? Wow, eso si que fue una sorpresa. Me invitó a ir a su oficina y platicamos algunos minutos tratando de ponernos al corriente de tantas cosas pendientes por decir. Finalmente me retiré no son haber intercambiado datos y la promesa de volver a encontrarnos.
Iba contento, era increíble esa coincidencia en una ciudad como esta, en eso iba pensando cuando de repente vi que se acercaba hacia mí mi amiga M a quien hacia unos dos años que no veía ¡eso era más que increíble! Dos encuentros en el mismo día. Me dijo que iba al cine y la acompañé a la taquilla, pero al ver que entraría sola a ver la película le dije que entraría con ella. Una película que me gustó bastante Paris te amo o algo así. Nos reímos, cotorreamos, comentamos y todavía al salir la acompañe a su casa.
Wow no cabe duda que fue una deliciosa tarde llena de sorpresas y que me reconcilió con mi idea de la amistad, pues me hizo pensar en tantas amistades que he desarrollado en la vida, a las que les invertí tiempo, cariño, solidaridad, y que de repente, así como ayer, reaparecen con el mismo afecto, con la misma buena vibra que hace mucho tuvieron, y que me hacen pensar en lo importante que es alimentar esas relaciones que realmente valen la pena, y que no requieren más que un verdadero interés por aquellos a los que estimamos y que eventualmente vuelven a aparecer. Pienso en ellos como flores silvestres, que de repente vuelven a aparecer y llenan tu mundo nuevamente con su color, con su belleza, con su encanto y te alegran el corazón. Que no te exigen nada, solamente que disfrutes de ellas, que te alegres en el corazón y que les hagas sentir lo mucho que gozas con su reencuentro.
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