
Este es un tema que constantemente lo tengo presente, y no necesariamente porque sea un obsesivo sino, porque las constantes referencias en la vida cotidiana me obligan a considerarlo.
Hoy en la mañana, escuchaba en un noticiario un desplegado publicado por varias iglesias de nuestro país en el que se denunciaba la intolerancia religiosa que existe en México y que se ha manifestado en los “ataques” realizados contra José Luis Soberanes, el presidente de la CNDH quien interpuso una controversia constitucional contra la legislación en relación al aborto en el D.F.
Traigo a colación el asunto porque me sigo preguntando cómo, al menos la iglesia católica que se ha distinguido por su intolerancia, tiene cara para salir a hacer semejantes declaraciones.
La iglesia católica históricamente ha dado muestras palpables, fehacientes de su intolerancia y uno de los casos en los que ha puesto especial énfasis es en el asunto de la homosexualidad. No olvidemos que en el año 2000 Juan Pablo II pidió perdón a la humanidad diciendo "¡Nunca más odio, violencia o discriminación!", sin embargo dejó claro que este mensaje no iba de ninguna manera dirigido a los homosexuales.
Asi constantemente se estan construyendo declaraciones, discursos que van en ese sentido.
Por ejemplo Benedicto XVI dice Pese a que la inclinación particular de la persona homosexual no es pecado, es en mayor o menor grado una tendencia inclinada a un mal intrínsecamente moral, y por lo tanto la homosexualidad debe ser considerada un trastorno objetivo. La Iglesia debe acoger con respeto, compasión y delicadeza a todas las personas homosexuales, pero exigiéndoles también que vivan en castidad.
Otra joya del Vaticano dice textualmente lo siguiente:
En la " Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual ", del 29 de diciembre de 1975, la Congregación para la Doctrina de la Fe ya había tratado explícitamente este problema. En aquella Declaración se subrayaba el deber de tratar de comprender la condición homosexual y se observaba cómo la culpabilidad de los actos homosexuales debía ser juzgada con prudencia. Al mismo tiempo la Congregación tenía en cuenta la distinción comúnmente hecha entre condición o tendencia homosexual y actos homosexuales. Estos últimos venían descritos como actos que están privados de su finalidad esencial e indispensable, como " intrínsecamente desordenados " y que en ningún caso puede recibir aprobación. (cf. n. 8, par. 4). Sin embargo, en la discusión que siguió a la publicación de la Declaración, se propusieron unas interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual misma, hasta el punto que alguno se atrevió a definirla indiferente o, sin más, buena. Es necesario precisar, por el contrario, que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada.
Evidentemente se podrían mostrar muchas más declaraciones de la iglesia a través de sus jerarcas que muestran hasta qué punto la intolerancia de la iglesia católica llega.
Si bien podemos sentirnos aliviados de no estar regidos bajo otras normas religiosas en las que incluso se castiga con la pena de muerte la práctica homosexual, es un hecho que las declaraciones que permanentemente hace la iglesia católica mueven a muchos fanáticos, homófobos, fundamentalistas religiosos a llevar a cabo actos violentos, agresivos, que llegan incluso al asesinato hacia las personas que no siguen la norma impuesta por la iglesia.
Por eso insisto, ¿con qué cara vienen a quejarse de la intolerancia?
No hay comentarios:
Publicar un comentario