martes, 31 de julio de 2007

Sexo oral


Hace unos días discutía con un amiguito acerca del sexo oral haciendo referencia a las diversas campañas que se han ido implementando para evitar que esta sea una práctica de riesgo en el contagio de enfermedades de transmisión sexual entre varones.

Él me decía que de acuerdo con las prescripciones que existen actualmente se refieren a la posibilidad de hacer sexo oral únicamente si se usa condón.
Yo le decía que me parecía muy complicado decirle a los hombres “si no usas condón no puedes hacer sexo oral” pues desde mi punto de vista por ahí atraviesan una serie de aspectos culturales que hacen muy complicado poder establecer estas reglas de esa manera.

Simplemente la cuestión del sabor del latex. Yo me preguntaba ¿para un hombre gay, acostumbrado a hacer el sexo oral directo, cómo le cae hacerlo con un condón? ¿qué tanto los sujetos están dispuestos a usarlos, incluso los saborizados?

Hasta donde me he podido enterar no ha existido una respuesta muy favorable a ello y supongo que mucha gente no esta dispuesta a seguir esa propuesta. ¿no hay más opción? ¿La única es que la gente se infecte?

Platicando con una persona bastante informada del tema y que trabaja en el ámbito de prevención de esas enfermedades me comentó que la cosa no tenía porqué ser tan trágica. De hecho me decía que la solución para ello era una buena salud bucal, mantener en buenas condiciones la boca evitando cualquier tipo de lesión en encías o dientes. Él me decía “con esto avanzamos en dos temas, una buena salud bucal y la prevención del contagio de infecciones que se transmiten por esa vía”

Me parece muy buena opción y creo que lo mejor es empezar por uno, manteniendo esa salud permanentemente.

Cultivo una rosa blanca

Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.

José Martí

lunes, 30 de julio de 2007

Cómo te recupero?


Vagaba por el bosque un día cuando de pronto vi al ser más extraordinario que había visto en mi vida, de momento no comprendí que era aquello que veía, ni siquiera podría describirlo, sólo sabia que era de una belleza indescriptible. Me acerque cautelosamente para no espantarlo y cuando llegue hasta donde estaba volteó a verme. Un par de ojos enormes, brillantes con una gran vitalidad voltearon hacia donde estaba. Era obvio que no le causaba ninguna clase de temor, en todo caso curiosidad, quizá una curiosidad como la que a mi me provocaba. Empezamos a platicar y me sorprendía a cada momento escuchar aquello que oía. Era maravilloso pues llenaba mi mente de imágenes extraordinarias, muchas que no se correspondían con el ser que observaba. ¿Qué era todo aquello?

Conforme fue pasando el tiempo sentía cómo me iba envolviendo poco a poco en su halo del cual poco a poco me costaba más trabajo salir. ¡Era tan seductor! A cada instante me maravillaba más, me hacia sentir cómodo, a gusto con su presencia. Así pasó no se si un instante, un día o un año, ¿cómo podía saberlo si me encontraba absolutamente obnubilado con su presencia?

Después de ese tiempo indeterminado y una vez que me encontraba totalmente atrapado en esa red, en esa bruma, en ese halo, en esa luminosidad, de repente, sin que pudiera darme cuenta cómo desapareció, simplemente se esfumó.

Por más que volteaba para todos lados, no había rastros de él, como si se lo hubiera tragado la tierra. Lo busqué mucho tiempo, di vueltas y vueltas tratando de encontrarlo. Días y noches recorrí aquellos lugares pero ni rastro de él.

Ha pasado un buen tiempo de ello y a veces me parece verlo en la espesura, me da la impresión de que pasa rápidamente y por más que he corrido en pos de él, nada.

A veces en las noches lo recuerdo y casi puedo sentirlo y eso me hace sentir una paz maravillosa ¿podré encontrarlo nuevamente algún día?

domingo, 29 de julio de 2007

Las peripecias de un libro


El año pasado fui a España por motivos de trabajo y como siempre no pude resistirme a adquirir las novedades editoriales de temática gay que hubiera en Madrid, así que me dirigí a Berkana a comprar todo lo que mi maleta y mi bolsillo fueran capaces de traer a México. Para variar mi bolsillo resultó más pequeño que mis deseos y mi maleta, así que tenia que hacer una cuidadosa selección para no errar mi compra.

Entre los muchos libros que llamaron mi atención estaba Nadan dos chicos de Jaime O’Neill, una novela de cerca de 800 páginas y un precio superior a los $500 pesos mexicanos. Dudé mucho pero al final desistí de comprarla. Era mucho dinero y no estaba seguro de su calidad.

Llegando a México una de las tareas que me puse fue investigar acerca de ese libro que me había hecho dudar. Descubrí que el autor era un escritor irlandés que había escrito esa primera novela en diez años de trabajo mientras laboraba en un hospital psiquiátrico como velador. El libro por lo pronto lo había sacado de pobre al vendérselo a una editorial que lo consideró un éxito seguro y del cual hicieron traducciones a otros idiomas.

La crítica era bastante entusiasta al recomendar el texto como una de las grandes maravillas de la literatura de habla inglesa y con el plus de ser una obra que tenía como protagonista a dos chicos enamorados.

Me entusiasmé con el libro así que decidí que lo quería. Poco después una persona muy cercana viajó a España y le encargué el libro, no lo podía olvidar. A su regreso me dijo que no lo había traído porque era un libro muy grande y como seguramente no estaba yo seguro del valor del texto que mejor me había traído otro libro.

Pero yo quería ese. Al poco tiempo una amiga mía me dijo que un amigo cercano iría a España y volví a hacer mi encargo. Al poco tiempo me confirmó que habían comprado el libro y que se dirigían a México. Primero irían a Oaxaca y después pasarían a México.

Las cosas para estos mensajeros se complicaron y tenían que regresar rápidamente al otro lado del océano. Mi libro regreso a su origen. ¡no era posible!, después de algunos meses nuevamente la noticia de que mi libro viajaría a México en manos de otro amigo.

Me encontraba verdaderamente desesperado por recibir la obra, y todavía tardó algunos días más.

Finalmente mi amiga me confirmó que lo tenía en sus manos pero no nos podíamos ver porque ella tenía muy ocupados sus días esa semana. Nueva espera.

Por fin después de mucho esperar por fin lo recibí. Como niño lo tomé en mis manos, lo acaricié, lo hojee, sentí la textura de sus hojas, olí el papel y la tinta. ¡Era maravilloso!

Al fin me senté a leer. Después de haber avanzado unas 400 páginas me sentí desconcertado. Sin duda el libro es bueno, pero, ¿es que acaso puse demasiadas expectativas en ese texto? Estoy por terminarlo y no sé, siento como que le falta un poco de pasión, no sé realmente.

Me gusta la manera en que escribe el autor, he aprendido de la historia de Irlanda, la historia es interesante pero como suelo decir “le falta algo de carnita” Espero que las últimas cien hojas me convenzan de que valió la pena tanto esfuerzo por lograr obtener el libro que me sedujo en esa librería.

sábado, 28 de julio de 2007

De las familias que construimos


Cuando comprendí que era gay y que eso no cambiaría, a mis escasos veinte años, también me di cuenta de que tenía que hacer ajustes en mi vida, rápidos y radicales. Primero porque siendo tan grande la homofobia de mi padre y siendo él tan violento y agresivo, no podía esperar que comprendiera que su hijo era gay. Lo inmediato era lograr mi independencia a como diera lugar.

Fue así como, aún siendo estudiante de licenciatura dejé la casa de mis padres para hacerme cargo de mi propia vida. Pero también tomé una decisión muy drástica y que marcó mi vida en adelante: no regresaría a esa casa y menos aún si fracasaba en mi empresa. Ya vería como salvaba las broncas, pero después de haber visto la condición lamentable en que regresó mi hermano después de que mi padre lo corriera, estaba seguro de que no iba yo a pasar por lo mismo.

Con apenas la beca que percibía en la escuela, hallé la manera de superar los obstáculos y salir adelante. No fue nada fácil. A veces, cuando se acercaba el fin de la quincena y mis escasos ingresos llegaban a su nivel más bajo, sentía flaquear en mis deseos de ser independiente, sin embargo, con muchas carencias pero también con una gran voluntad, logré salir adelante.

Terminar la carrera y empezar a trabajar profesionalmente tampoco fue sencillo. Alguien me pasó el tip de que había una vacante que me quedaba que ni mandada a hacer, sin embargo tuvieron que pasar tres meses para lograr que me contrataran.

Antes de poder empezar a trabajar, mis escasos ingresos desaparecieron, ni un centavo me quedaba, así que tuve que recurrir a la única persona que podría sacarme del hoyo en ese momento: mi madre. Le pedí un préstamo, sólo mientras empezaba a cobrar, sin embargo ella misma andaba con pocos recursos en ese momento, así que me dijo que la única solución era que yo regresara a casa. De inmediato rechacé la oferta. Ahora recuerdo el dicho de una muy querida amiga mía “el hambre me tira pero el orgullo me levanta”.

¿Cómo salir del bache? Lo único que tenía eran tres libreros, mis libros, mi ropa y mi cámara fotográfica. Así que empecé por vender los libreros a un amigo solidario que me los compró a un precio razonable. Al mismo tiempo empecé a visitar a mis amigos más o menos a la hora de la comida. Dicen que “mas vale llegar a tiempo que ser invitado”. Logré algún préstamo por parte de otros cuates y así poco a poco sobreviví el tiempo necesario para poder cobrar mi primer suelo y empezar a pagar, mis deudas.

Aún recuerdo con gratitud a muchos de esos amigos que me dieron la mano en los momentos de mayor dificultad. La mayoría los he dejado de ver, sin embargo no olvido lo buenos que fueron conmigo y lo mucho que me ayudaron.

Pocos años después murió mi padre y al cabo de algunos años mi hermana se casó. Fue entonces cuando mi madre me pidió que regresara a vivir con ella para no quedarse sola. Nuevamente aparecieron mis fantasmas: me convertiría en el clásico homosexual de mediana edad viviendo con su madre y saliendo a escondidas para tener algún encuentro clandestino. ¡¡¡¡noooooooo!!!!. Aún me pregunto si no fue demasiado ingrato de mi parte no haber aceptado su solicitud. Cada vez que me acuerdo de eso pienso que quizás debí haber dicho que si. Pero eso implicaba dejar mi trabajo, mi ciudad, a mis amigos, mi independencia.

También con el paso de los años fui conociendo amigos que se hicieron muy queridos para mí. La mayoría gay, de mi edad, cuyas historias tenían algún punto en común con la mía. Así fuimos construyendo familias que nos apoyamos, nos cuidamos, nos solidarizamos, festejamos las fechas importantes.

Sin embargo debo reconocer una cierta nostalgia por mi madre que murió hace unos cuantos años, y por las escasas fiestas que disfrutamos como familia. Quizás sea esa la razón por la que busco estar rodeado de personas a las que quiero, para sentir que de nuevo tengo una familia

Un amiguito


Hace unos días conocí a un chico bastante simpático y abierto con quien estuve tomando unas cervezas. Como en toda platica inicial estuvimos hablando generalidades y llegamos a un punto interesante que quisiera comentar aquí.

Cuando llegamos al tema de los amores y el sexo me enteré que él es bisexual aunque le costaba usar esta denominación, pero me habló con mucha soltura acerca de las chicas con las que había salido y que aparentemente se relacionaban fácilmente con él. Sin ser un chico demasiado atractivo, he de reconocer que me pareció agradable a la mirada.

Me contó que la única vez que había estado con un hombre había sido hace algunos meses en una ocasión en la que se había ido con un chico al que conoció en su primera visita a una disco de ambiente. Según me relató en esa ocasión él tenia ganas de probar lo que sería que un hombre le hiciera sexo oral y una vez encontrado el voluntario probó la experiencia. Según él ninguna mujer le había hecho un sexo oral como ese, parecía muy complacido con esa experiencia.

Poco a poco me fue contando sus expectativas en relación a los hombres. Por ejemplo no le parecía nada grata la idea de besar a un hombre con barba y bigote y sin embargo había buscado a uno y se encontraba platicando con él.

La impresión que me dio fue de una inexperiencia evidente que se reflejaba asimismo en sus cometarios. A la vez parecía interesado en seguir andando esa ruta, entre otras cosas porque mientras platicábamos, recibió al menos dos mensajes en su celular de chicos que deseaban conocerlo personalmente.

Lo que me parece es que muchos chicos como este tienen un enorme desconocimiento de lo que alberga la diversidad sexual. Se sienten atraídos hacia lo desconocido pero tienen muy poca idea de lo que implica relacionarse sexual y/o afectivamente con otro varón y se mueven más por intuición que por un conocimiento de lo que pudiera implicar ello.

Al final me dijo que le había agradado platicar conmigo, que a pesar de que sólo había salido con dos hombres en este plan de conocerse, las dos ocasiones habían sido agradables y que esperaba tener ocasión de que nos conociéramos más.

Alguien me dijo hace algunos años que soy un buen encaminador de almas, en el sentido de que me gusta echarles una mano sobre todo a los chicos que recién asoman la nariz en este ambiente. Ojala de veras lo sea, pues ese oficio si me gusta matarile lire lon.

viernes, 27 de julio de 2007

De rompe y rasga

La semana pasada fui a un sitio sorprendente (bueno aunque ya no debería sorprenderme), un sauna de esos de barrio, un sitio de rompe y rasga. Un amiguito me invitó a que fuéramos y ante tanta insistencia y tan poca resistencia jeje, acepté a acudir con él.

Debo confesar que cuando llegamos a la entrada del lugar estuve a punto de desertar pues se veía verdaderamente desastroso ese lugar, así que hice “de tripas corazón” y entré. Al momento de pasar al vestidor del sauna general salían unos ocho jóvenes que miraron con insistencia a mi acompañante y se fueron. AL entrar pude ver a unos cinco sujetos que se vestían antes de retirarse, lo cual me pareció mala señal pues supuse que estaríamos unos cuantos en el lugar.

Mi suposición fue errónea pues había unos veinte sujetos en el lugar. Me llamó la atención el hecho de ver a muchos de ellos en amigable plática en parejas o en tríos, parecía un sitio al que suelen acudir y donde ya conocen a otras personas. Al pasar a la zona de vapor también llamó la atención la tranquilidad con que dos sujetos recostados se masturbaban sin inmutarse por el hecho de ser vistos por otros ahí presentes.

En otra de las habitaciones de vapor otro sujeto se afanaba en un nada discreto sexo oral (a ese sujeto no le enseñaron de chiquito a no hacer ruidos cuando come jajajajaja) El movimiento en el lugar, obviamente, es constante, así que vi a muchos de esos sujetos entrar y salir de las distintas salas, algunos con unas muy evidentes y hasta espectaculares erecciones.

Quizás no fuera necesario señalar que no había ahí modelos de revista ni siquiera un equivalente de Bruce Willis. Más bien los sujetos me recordaban a muchos que he visto en el transporte público, en los mercados, en la calle. Sujetos de mediana edad, la mayoría con sobrepeso, con poco cuidado de su aspecto físico. Sólo uno de ellos tenía un cuerpo hermoso. Un sujeto con aspecto de militar, piel clara, muy joven y todos los músculos marcados sin hacer ostentación de ellos.

Estuvimos ahí un buen rato y me agradó ver el ambiente relajado en un sitio en el que aún estando enclavado en un barrio popular, permite esta clase de encuentros. Incluso el bañero, que debo decir es el más guapo y de cuerpo hermoso, de los presentes, entraba al juego de cachondeo, aunque evidentemente este más bien pareciera que trabaja de chichifo ahí.

Lo único que le haría falta a este sitio, cómo está ahora, sería un poco más de condiciones de salud e higiene sobre todo para evitar las infecciones de transmisión sexual.

jueves, 26 de julio de 2007

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida


Ayer conocí a un individuo sorprendente, uno de esos sujetos que resultan incluso mágicos porque rompen con todos los esquemas de lo conocido. Por principio resultó una extraña combinación entre poeta de enorme sensibilidad y apasionado de la política nacional. No me hubiera imaginado que ambas cosas pudieran coexistir en una persona pero así es.

Luego resultó que empezaron a aflorar una serie de intereses profesionales y personales comunes que nos llevaron a explorar mucho de nuestras biografías, haciendo que salieran a flote muchos más puntos comunes.

Es tan sorprendente para mí encontrar estas coincidencias, que apenas puedo creer que haya estado sentado a la mesa con alguien que pareciera que hubiera salido de la misma camada que yo.

Ligeramente más grande de edad, resultó de una honestidad y una frescura poco frecuente. Quizás haya ayudado el hecho de que en los últimos cinco días hayamos cruzado más de una decena de correos electrónicos en los que, con gran entusiasmo, empezamos a descubrir esas coincidencias.

No hablo de almas gemelas o cosa por el estilo, sino de la maravillosa oportunidad de conocer a alguien con quien realmente estoy compartiendo tanto lo lúdico como lo profesional sin que ello haga que se pierda la calidez de la amistad que recién empieza a germinar.

miércoles, 25 de julio de 2007

Una pregunta a todos los presentes "Joto"


Durante mucho tiempo he tenido la idea de que la palabra Joto provenía del hecho de que en Lecumberri, en el Palacio Negro, existió la crujía "j" en la que se solía encarcelar a los homosexuale, sin embargo no hace mucho una amiga me hizo saber que habría encontrado referencias al término en la época colonial. He buscado exhaustivamente y no he encontrado ninguna referencia aún por lo que me he decidido a lanzar esta pregunta pues seguramente alguien por ahi tendrá más datos al respecto. ¿podría alguien aportar más datos al respecto? Agradeceré su información.

De mis primeros recuerdos de homofobia en la izquierda


Mis primeros recuerdos de homofobia claramente identificados como tal provienen de mi adolescencia, cuando decidí incorporarme a la lucha política en mi país. La forma más clara en al que yo vi que podía acceder a ella fue a través del que yo consideré en ese momento como el único partido de izquierda con una verdadera fuerza en el país.

Así y por intermedio de un amigo me incorporé en una organización juvenil en la que hacíamos una serie de actividades entre las que la discusión política era un elemento importante.

Fue ahí donde empecé a conocer muchos de esos discursos homofobicos. Los ojos se me salían de las orbitas cada vez que escuchaba a esos sujetos que lideraban las causas populares y en la lucha por mejores condiciones de vida para la sociedad, pero que no se ruborizaban al descalificar con toda clase de argumentos, que en general eran en tono de sorna, básicamente a homosexuales.

En ese momento recuerdo que esos discursos de gente a quien tenía en el mejor de los conceptos me afectaron de manera muy fuerte, sobre todo porque mi autoestima estaba en su menor nivel y no encontraba ningún argumento que en ese momento me ayudara a defender mi orientación sexual.

Hoy en día, con lo que he podido investigar, con lo que he leído acerca de los movimientos en diversos países por parte de la sexodiversidad me he enterado de que efectivamente, tanto los gobiernos de derecha como los de izquierda tanto los democráticos como las dictaduras en una gran diversidad de países, han perseguido a los sujetos que se salen de la norma heterosexual.

A lo que voy es que la lucha contra la persecución, contra la homofobia, tiene que darse independientemente de los sistemas políticos, la intolerancia está en todas partes, en la izquierda o en la derecha. No creamos que hay sistemas políticos, grupos sociales, o algún otro agregado social que está exento de intolerancia hacia la diversidad sexual.

martes, 24 de julio de 2007

De lo que se encuentra en la red


Ayer vi que estaba conectado en msn a un chico que conocí por una de esas páginas de encuentros que han proliferado últimamente. Es un sujeto joven -26 años más o menos- muy atractivo en general y que llamó mi atención cuando leí su perfil. En realidad habíamos platicado muy poco pues a pesar de que hacia cerca de un mes que lo había contactado, nuestros encuentros en msn habían sido escasos.

Ayer lo saludé como suelo hacerlo, alegremente e interesándome por mi interlocutor. Sin embargo, su respuesta no fue, digamos que muy calida. Me pareció que algo le sucedía y a pregunta expresa me dijo que no, que estaba bien. No tuve que insistir mucho para que soltara la lengua.

Confesó estar bastante deprimido aunque no me explicó la razón, sin embargo lo que si dijo fue lo mucho que detestaba ser gay. Aparentemente todo surgía de una ruptura o la imposibilidad de generar una relación con una persona.

Lo que deseo traer a colación son los argumentos que esgrimió y que me parecen importantes sobre todo porque uno piensa que esas cosas ya están superadas y de repente alguien nos ubica en la realidad, no es así, hay mucho que seguir picando piedra.

Me dijo que lo peor que le podía haber sucedido en la vida era ser gay y cuando le pregunté que es lo malo de ser gay me contesto algo así como que “eso mismo, que es malo, es un defecto, no es intencional, pero es un defecto, como el sindrome de down, y un niño down no puede hacer su vida normal a veces”

Honestamente me dejó con los ojos cuadrados y después siguió con el consabido discurso de que el pene no se hizo para penetrar a un hombre, que eso no es natural, que lo natural es la relación entre hombre y mujer, etcétera.

Me preocupa que a estas alturas del siglo XXI persistan esas ideas que alimentan la homofobia. Este chico me dijo que llevaba varios días tomando antidepresivos pero que no podía parar de llorar desde hacia tres días. Temo por su integridad física porque muchos discursos moralistas tanto de la iglesia como de las buenas conciencias de nuestra sociedad pueden llegar a convencer a un chico de que efectivamente ha vivido en un error y que tendría que modificar su vida.

Me parece que hay mucho por hacer aún, que si pensamos que los jóvenes de hoy ya viven de una manera libre su sexualidad no estamos del todo en lo cierto.

domingo, 22 de julio de 2007

Activos y pasivos (2ª parte)


Siguiendo con la idea que venía planteando pienso ahora en los pasivos. ¿qué es ser pasivo? Desde la definición más común y corriente se trata del sujeto que pone el culo para que otro lo penetre, simple y llanamente. Sin embargo en la práctica, como se ha visto, las cosas son un poquitín más complicadas.

No se trata de un hoyo en la pared, no se trata de una almohada o un muñeco, es decir, no se trata de un objeto inanimado en donde se introduce ese instrumento del que he hablado. Se trata de un sujeto al que le satisface sentir la sensación de ser penetrado, de ser estimulado en su próstata, independientemente de otras estimulaciones que ocurran al momento.

En este sentido, regularmente el término pasivo no es el que describe mejor el papel que cumple este sujeto dentro del encuentro sexual, pues afortunadamente, y a pesar de lo que algunos esperarían, no se trata de poner en contacto únicamente esas partes del cuerpo. Por supuesto hay quien dice: no quiero que me toques, ni que me beses, ni que me veas sólo te la voy a meter. Afortunadamente son los menos y suelen estar bien metidos en un closet.

Ahora bien, evidentemente el tema de ser pasivo se enfrenta con toda una cultura misógina y homófoba que descalifica cualquier comportamiento “afeminado” y ello incluye dejar de ejercer “como hombres”, es decir, no usar el instrumento de poder, el falo, en la sexualidad. Quizás es por ello que suele ser complicado para muchos sujetos gay decir “soy pasivo” y para muchos es difícil evitar para muchos al menos levantar la ceja cuando escuchan una declaración como esta. Como si el sujeto dijera, soy el peor de todos.

Supongo que es difícil empezar a quitarle un poco de estigma al culo, empezar a considerarlo no como algo sucio, desagradable ni femenino, sino como una parte que un hombre también puede gozar y reivindicar su goce. Poder decir que rico se siente, porque finalmente esta es sólo una parte de ese extenso territorio de disfrute que es el cuerpo.

De la pareja cerrada a la “no pareja” las dos caras de la moneda


Un asunto que me parece especialmente importante, sobre todo en estas épocas de sida, de gobiernos conservadores, de una iglesia envalentonada, de una sobrevaloración de ciertas relaciones, es el asunto precisamente de la pareja.

La historia de las sociedades occidentalizadas por supuesto está marcada por un pasado judeocristiano que a lo largo de la historia fue estableciendo una serie de normas que aparecen a nuestros ojos como fundamento inicial de la iglesia católica, pero que sin embargo fueron preceptos que se fueron adoptando paulatinamente a lo largo de cerca de 2000 años de historia.

Un asunto con el que fundamentalmente han insistido los defensores de esos valores es por supuesto la Familia. Pero no cualquier familia sino la conformada por un papá y una mamá unidos en matrimonio y varios hijos. Todo lo demás suele descalificarse como inmoral, pecaminoso, degenerado, etcétera.

Así históricamente hemos aprendido que el sujeto debe establecer una relación de pareja monogámica y por supuesto dentro del matrimonio sancionado por la iglesia. En buena medida esa es una de las razones por las cuales los gays solemos estar excluidos de cualquier noción de familia, pues transgredimos uno a uno, todos los elementos que definen a esas relaciones. Junto a ello hemos ido cargando con el estigma de promiscuos, insaciables, pervertidos y tantos otros calificativos que intentan señalarnos como sujetos inmorales, incapaces de establecer vínculos.

Ahí entra precisamente el punto que deseo plantear. En nuestras sociedades hemos establecido la relación de pareja como la única posibilidad de salud mental y estabilidad emocional que todo sujeto debería alcanzar, y para variar cualquier alternativa es censurada a partir de una valoración altamente cuestionable.

Sin embargo creo que deberíamos plantear que en la diversidad que existe en nuestras sociedades una opción valida para los sujetos que así lo decidieran debería ser la “no pareja”. ¿Qué es eso? Me parece que muchos sujetos preferirían desarrollar su vida sin necesidad de establecer un vínculo de pareja. Personas que no es que teman el establecimiento de vínculos sino que simplemente no les interesa hacerlo.

Quizás esto pueda verse como consecuencia del individualismo contemporáneo, como una forma de egoísmo al no querer compartir con alguien más un proyecto de vida, sin embargo habría que ver si ese proyecto de vida precisamente parte del principio de independencia que le permita al sujeto tomar sus decisiones en cualquier momento sin tener que depender de otro para hacerlo.

Me parece que la opción de la “no pareja” es tan valida como cualquier otro tipo de arreglo y habría que pensar que el ejercicio de la sexualidad fuera de la pareja es tan dejar de colgarle válido como cualquier otro, finalmente puede ser una forma honesta de evitar que se generen falsas expectativas.

Así, creo que quienes así lo decidan deben reivindicar su derecho a no tener pareja, a no establecer esa clase de vínculo y a ejercer su sexualidad libremente sin ser censurados por ello.

sábado, 21 de julio de 2007

"¡Que weba!"

Ayer leí en una página de contactos que alguien puso en su perfil “que weba escribir, mejor dime que quieres”. Unos días antes un chico me escribió “yo creo que reprobaré el examen para entrar a la universidad pero voy a intentar entrar en otra”. Creo que estos chicos nacieron con weba precisamente. Una de las cosas más difíciles en este mundo sin duda es encontrar el entusiasmo para salir del huequito que la vida le hizo a uno.

Ahora que recuerdo a tantas y tantas personas que he conocido, a tantos alumnos que he tenido, me doy cuenta de que efectivamente son uno o dos los que han tenido el coraje, pero realmente no sólo es eso, más bien la amplitud de miras, la intención, de hacerse un proyecto de vida, pensar a dónde le gustaría a uno llegar.

Recuerdo muy bien que cuando estudiaba la licenciatura en algún momento me puse como meta llegar a ser un investigador, un académico, pues veía que ahí estaba el tipo de cosas que realmente a mi me interesaban. Tardé muchos años en lograrlo, diez aproximadamente pero alcancé la meta. Hoy me he puesto otras que intentaré alcanzar pero que realmente implican un compromiso, una entrega, una pasión. Me paso la vida con una actividad tan intensa que muchas veces creo que no lograré superarlo, y siempre encuentro algo nuevo en lo cual comprometerme.

Quizás ese apasionamiento es lo que me ha permitido alcanzar mis objetivos, pero evidentemente no sólo ha sido algo útil, también me sacó muchas veces de la jugada. Durante una época de mi vida en la que estuve en un puesto de confianza en una institución pública, se suponía que uno tenia que ser condescendiente con los jefes. Por supuesto no duré mucho tiempo, después tuve que buscar otro empleo pues no solía tolerar los desplantes de aquellos sujetos a los que además les tenía muy poco respeto en términos intelectuales.

Por supuesto esto no se circunscribe a lo laboral sino que de manera importante ha tenido un gran impacto en mi vida. Creo que las personas con las que mejor he podido relacionarme, con quienes realmente he logrado desarrollar una amistad que vale la pena, los hombres a los que verdaderamente he amado, han sido precisamente aquellos que viven su vida apasionadamente. Cuando volteo el rostro y observo precisamente a aquellos que han sido relevantes en la construcción de mi propia biografía, han sido los hombres y las mujeres que han hecho de su propia existencia una aventura.

Quizás muchos prefieren las aguas serenas o como dicen en política “nadar de a muertito”, para mi esas aguas apacibles son disfrutables sólo en determinados momentos, pero en otros requiero la fuerza, la energía, el sacudimiento de las aguas rabiosas, encrespadas.

Apenas platicando con B, con quien viví una extraña e intensa aventura de apenas un mes el año pasado, nos dimos cuenta de lo fuerte que había sido esa relación y cómo nos había conducido a construir una amistad muy bella. No nos hemos visto desde el momento de nuestra ruptura, sólo hemos platicado por msn, pero es evidente que dos personalidades tan intensas tendían a construir una relación igualmente intensa. A pesar de que eso derivó en una amistad, seguramente eso no lo hará menos intenso pues nuestros afectos no son condescendientes.

J, otro gran apasionado igualmente se ha convertido en un sujeto importante en mi vida. Como buen artista también tiene un carácter arrebatado que expresa a través de sus gestos y su maravillosa vos de tenor. Y puedo pensar en muchos otros, algunos con los que he hecho bromas acerca de lo “atacados” que podemos ser.

Alguien se ha referido a las personas que tienen “sangre de atole” para hablar precisamente de los que la vida les pasa sin pena ni gloria. Tienen aventuras, anécdotas, experiencias, sin que nada de ello los apasione, sin que nada los marque, sin que se sientan realmente vivos a partir de aquello. Creo que cuando no logro sacudir a una persona, cuando no logro ver intensidad en ella, termina por aburrirme. Que lástima, porque ha habido personas que me hubiera encantado hacer que se conmovieran.

Sin embargo yo sigo mi vida, me seguiré tirando por la ventana, me seguiré azotando contra las paredes, algún día me compraré mi cama de clavos para azotarme más a gusto, pero seguro que no podré acoplarme a la mansedumbre de quien vive la vida como si fuera un domingo en la mañana, echadito en su cama, sin nada que lo altere.

Si me preocupa cómo será mi vida en el futuro, cuando las fuerzas me empiecen a faltar, pero como dice una amiga, mientras el cerebro me funcione, yo haré que lo demás a mi alrededor gire como a mi me gusta, con pasión.

¿El miedo a qué?


El miedo por supuesto que es un sentimiento que la mayoría hemos experimentado. Le tenemos miedo al dolor, a la muerte, a una guerra, a ser agredidos, entre muchas otras cosas. El miedo suele estar justificado de alguna manera, pues podemos ver a un sujeto armado o podemos ver objetivamente una fuente de peligro que nos atemoriza, y el miedo sirve para protegernos de realizar una imprudencia que nos lleve directamente a sufrir alguna clase de daño.

Sin embargo hay otras formas de temor y tienen que ver con cosas que no vemos, que no percibimos, pero que hemos incorporado en nuestro esquema de pensamiento, y nos causan temor. Los fantasmas por ejemplo, a mucha gente le causan temor, a pesar de no haberlos visto nunca, el menor ruido se vuelve causa de aprensión, y temen que eventualmente se les aparezca alguno. Y con ello podemos encontrar el miedo al diablo, al infierno, a los duendes, a lo desconocido.

En este último asunto me quiero detener: el miedo a lo desconocido. Es uno de los más irracionales y por supuesto injustificado de los temores. Cuando le preguntamos a alguien por alguno de estos temores, seguramente nos contestará que no sabe a qué, pero que le da miedo. Estos temores nos suelen paralizar, evitar que hagamos algo importante o simplemente que perdamos una maravillosa oportunidad en la vida sólo porque nos dio miedo.

Esto lo quiero conducir, por supuesto, hacia el análisis de las razones por las cuales las relaciones humanas no se dan, o lo hacen dando tumbos. Así, mucha gente no establece una relación por miedo a ser mal interpretados, por miedo a que “se clave” el otro, a sufrir, a enamorarse y que el otro no lo haga, en fin, estamos llenos de temores que afectan la posibilidad de construir relaciones sanas, interesantes, ricas en cariño.

Para mucha gente ese temor hace que se mantengan distantes, que eviten involucrarse, que no opinen acerca de algún asunto personal, pues temen después verse demasiado involucrados para poder escapar. Son quienes pueden ver que sufres un accidente y fingen no haberse dado cuenta, o quienes al ver tu rostro angustiado te hablan del clima pues no quieren enterarse de tus problemas. De lo que se trata es del temor a verse involucrados. Sin duda es un temor válido pues no podríamos estar al pendiente de toda la gente que nos rodea.

Es por ello que seleccionamos a aquellos con los que estamos dispuestos a involucrarnos: quizás a un vecino no le preguntemos si tiene algún problema, pero si lo hagamos con un amigo, cuando notamos algún cambio en su actitud.

Esos temores en algún momento han afectado mi vida. Por ejemplo cuando evito acercarme a un sujeto que me gusta mucho por temor al rechazo. Cuando temo decir algo inconveniente y me mantengo callado ante algo que me debiera hacer gritar. Pero también me ha afectado que otros sientan temor ante mí. Entre mis alumnos por ejemplo he sabido que muchos me temen tanto por mi carácter como por mi actitud, en la que se evidencia que no soy un sujeto manso. Ello mismo ha llevado a algunas gentes muy interesantes a buscarme, pues intuyen que podemos construir amistades valiosas.

En fin, hay cosas en las que me gusta subirme a la montaña rusa. Hay otras, como el amor, que sé que perdura precisamente porque no es la montaña rusa, pero tampoco es un páramo en el que nada suceda. Finalmente me gusta darle intensidad a mis relaciones, de otra manera moriría del aburrimiento. Creo que lo peor que me puede suceder es tenerle miedo a las relaciones, a involucrarme con alguien que verdaderamente vale la pena. Por ello estoy dispuesto a lanzarme para conseguir establecer un afecto. Pocas veces retrocedo, sólo cuando hay una resistencia demasiado fuerte para mi propio interés o cuando me doy cuenta de que realmente no valía la pena. Afortunadamente estás ocasiones han sido muy pocas.

Ahora estoy dispuesto al siguiente salto en paracaídas, no sé a dónde caeré pero salto tranquilo después de dejar atrás lo que no valió la pena, y de haber rescatado la maravillosa amistad de B.

jueves, 19 de julio de 2007

Activos y pasivos (1a parte)


No, no se trata de contabilidad sino de cómo solemos clasificarnos para saber si seremos compatibles con otra persona en el plano sexual. Así, de manera un tanto burda nos calificamos en activos si es que solemos ser quienes penetramos analmente a nuestro compañero o pasivos si recibimos esa penetración. Por supuesto hay un amplio grupo de los denominados versátiles que pueden penetrar o ser penetrados.

Digamos que en términos generales de esto se trata y sin embargo tiene mucho más fondo de lo que pudiera creerse a simple vista.

En primer lugar, de lo que nos está hablando esta distinción es de la manera en que nos hemos acostumbrado a valorar nuestra sexualidad entre hombres, como la que se ejerce a través de éste pequeño apéndice, pero al cual le hemos dado un valor simbólico que se pierde en la historia de la humanidad, y que además valoramos por encima de cualquier otra cosa, pues sin ello simplemente no somos nada.

El pene, la verga, la reata o de una manera más elegante (y por supuesto con sus connotaciones teórico científicas) el falo, ha sido homenajeado, representado por medio de esculturas, se convirtió en uno de los elementos sine cuan non de la teoría freudiana del psicoanálisis, en fin, que le hemos dado un valor que no se le ha concedido a prácticamente ninguna otra parte de nuestro cuerpo.

Este valor tiene que ver por supuesto con cómo es que entendemos el ejercicio de la sexualidad. Así, entendemos que tener un encuentro sexual es poner en contacto nuestro pene con algún elemento de estimulación: el ano de alguien, su boca o simplemente su lengua, su mano, o alguno de sus contornos. ¿a quién se le ocurriría algo así como un faje en el que no se estimulara directamente al pene? prácticamente a nadie. Aún quien es penetrado se espera que tenga una gran erección de donde emerja un indiscreto chorro blanco, que demuestre que quien lo penetró lo hizo con una pericia sin igual.

Una anécdota graciosa me sucedió hace no mucho tiempo. Conocí a un tipo que me resultó muy atractivo. Estuvimos platicando un buen rato y nos agradamos hasta que llegamos a la fatídica pregunta ¿eres activo o pasivo? La constatación de que ambos éramos pasivos llevó a una crisis el encuentro. Tratando de salvar la situación le dije “deberíamos aprender de la sexualidad entre lesbianas, quienes no necesitan tener un pene para disfrutar un encuentro hasta alcanzar el orgasmo” Creo que para el otro hubiera sido menos malo que me hubiera quedado callado. Me vio de una manera semejante a como en la Edad Media los inquisidores deben haber visto a los blasfemos. Creo que no necesito decir que nunca volví a hablar con ese tipo.

A pesar de que esa fue una ocurrencia del momento, la frase se me quedó en la cabeza y me puse a recordar algunos momentos importantes de mi vida sexual. Recuerdo particularmente una ocasión, la más sorprendente que pueda recordar. En una ocasión conocí a un tipo en un sauna público. Éramos solamente él y yo en ese sitio, nadie más. Un tipo con un rostro común pero con un cuerpo que me pareció el más maravilloso que había visto en mi vida. Lo estuve observando un muy buen rato antes de que pudiéramos tener un acercamiento. Al fin en el vapor, y sin mediar una palabra, nos estuvimos besando un muy buen rato, sólo eso, parados los dos, recorriendo nuestros pechos y espaldas con las manos hasta que ambos llegamos a un orgasmo delicioso (bueno como suelen ser los orgasmos) A los pocos minutos, salió se dio un recaderazo y se fue. Ni una palabra, ni un nombre, nada. Sólo me queda de recuerdo la suavidad de su piel, la sensación de mis manos recorriendo su pecho, sentir los músculos de sus brazos. Ni siquiera su rostro quedó en mi memoria. Solamente la sensación de éxtasis mientras nuestras bocas se fundían en esos besos que durante varios minutos nos estuvimos dando. No nos masturbamos mutuamente, no exploramos nuestros respectivos anos, no. Solamente fue la excitación de sentirnos uno en los brazos del otro, de sentir nuestros besos, de sentirnos que estábamos con otro hombre que nos hacia sentir verdaderamente excitados.

Por supuesto esta puede parecer una situación muy particular y fortuita, bla, bla, bla. Sin embargo, me hace constatar que las sensaciones más placenteras se construyen en primer lugar y antes que en ningún otro en nuestra mente. A partir de que vemos a alguien que nos gusta, que nos hace sentir excitados, ya empieza el proceso que podrá desencadenar un maravilloso orgasmo. Ni siquiera se nos ha acercado, ni siquiera nos ha tocado y ya nos sentimos de esa manera. El contacto sobre nuestro cuerpo, sobre las partes más sensibles de él, sólo es digamos la continuación de un proceso que como vimos empezó previamente.

Un contacto con alguien que nos hace sentirnos de esta manera y con alguien que no nos agrada, hace que podamos valorar la importancia de lo simbólico, de lo subjetivo que encarna ello. Si no me gusta el sujeto podrá tocar mis partes más sensibles y no logrará la menor excitación.

Así, hay una serie de circunstancias que tienen que ver con esos elementos subjetivos que hay que seguir valorando pues sólo hemos visto un pequeñísimo punto de esa reflexión.

Continuará…

miércoles, 18 de julio de 2007

A veces hasta yo tengo penas


Hace varios meses que me viene pasando algo, ¿cómo llamarlo? Curioso quizás. Me he encontrado a varios de mis amigos, gente que de alguna manera aprecio y que por una u otra manera se encuentran en situaciones difíciles: porque tienen problemas en su trabajo, porque terminaron con el novio, porque descubrieron que ese no era el chico adecuado, porque sus padres no los entienden, en fin.

Y a mí, si algo me pone mal, es ver a un amigo triste o preocupado, así que ahí voy, presto a atender, apapachar, a escuchar, a dar consejo o a lo que haga falta para que mis amigos se encuentren bien. En algún momento llegué a pensar que de terapeuta podría irme bien. Sobre todo que hay mucha gente que me dice que les agrada que suelo andar sonriendo frecuentemente y que suelo ser bueno para escuchar por mi actitud empática. Eso supongo que es cierto.

Así, he ido construyendo relaciones muy bellas, muy fraternas, sobre todo eso. Y como diría Cantinflas “ahí está el detalle”. Porque soy buenísimo para las relaciones fraternas, pero pésimo para construir otra clase de relaciones. Tanto es así que me he ganado que muchos de esos amiguitos me vean incluso como una figura paterna, lo cual por un lado es bonito, pero por otro me saca de cualquiera otra posibilidad de cercanía con los hombres y más con aquellos con los que siento una atracción mayor.

En este asunto de ser “tan padre” me he dado cuenta de que nadie se ha percatado de que yo también tengo mis baches, mis frustraciones, mis nostalgias, mis depresiones, mis dolores; que hay veces que siento que me lleva la #$&*”&%, pero creo que eso suele pasar desapercibido para los demás. ¿qué problemas puedo tener yo? seguramente se preguntarán, si tengo pareja desde hace años, tengo mi casa, profesionalmente he tenido éxito, viajo, yo ¿qué motivo podría tener para sentirme mal? Y quizás tengan razón porque a veces ni yo mismo me entiendo.

Sin embargo en el último viaje que hice nuevamente salieron muchas de esas cosas que suelen permanecer ocultas. En más de una ocasión tuve unas ganas enormes de llorar como un niño. No sé si eso desencadenó una situación de malestar físico tan agudo que me hizo sentir aún más triste y además solitario. Pero veo que difícilmente estoy en condiciones de sanar ese malestar, más bien lo traslado a mis amigos y trato de sanar en ellos lo que a mi me está haciendo mal.

Hoy fue un día especialmente frustrante y conste que no existió un hecho específico que me molestara, simplemente parece que amanecí con el pié izquierdo. Me pelee cuando iba conduciendo, me saqué de onda por una tontería en la casa, en fin, que estaba a punto de turrón. Fue por eso que me decidí a expulsar toda esa podredumbre que a veces se acumula y me estaba preparando para redactar un mensaje del cuál me arrepentiría seguramente después de mandarlo, y de repente recibí un mensaje, unas cuantas palabras, no más de cinco. ¿Cómo adivinó él lo que necesitaba en ese momento?, de hecho ¿cómo ha adivinado él mismo, en varias ocasiones, que estoy a punto de explotar en furia, en llanto, en enojo?

Realmente no sé cómo lo hace, sólo sé que en cada ocasión sus muy breves palabras han sido un bálsamo, aún cuando incluso estuve en dos ocasiones a punto de cargarla contra él y mandarlo muy lejos, apareció de la nada, dijo sus palabras mágicas y apaciguó el sentimiento que estaba a punto de estallar. Evidentemente lo que ha dicho no ha curado mi malestar, pero si ha mitigado el dolor que me producen esos sentimientos encontrados que llevo dentro.

No sé cuanto dure la formula mágica, pero espero que funcione al menos hasta que encuentre el verdadero remedio que me consuele, o que encuentre a mi otro yo que se siente a escucharme, a darme aliento, a aconsejarme, a apapacharme, que me ayude a sacar tantas cosas que quisiera expresar.

Probablemente soy demasiado temperamental, pero creo que eso es algo que no tiene remedio. Lo que importa es que pude sentirme mejor, que felizmente no hice la estupidez que estuve a punto de llevar a cabo.

Siento que lo que necesito será difícil de encontrarlo, sin embargo aparte de ser temperamental soy testarudo y sé que lo puedo hallar así que seguiré intentándolo. Mientras tanto espero que la formula mágica siga funcionando y me ayude a ser ecuánime aún en los momentos más difíciles.

De M S

ALGUNAS PERSONAS SON AMABLES SOLO PORQUE NO SE ATREVEN A SER DE OTRA FORMA

martes, 17 de julio de 2007

De lo bien que se siente vivir

Sin duda todos hemos tenido nuestros momentos de angustia, depresión, tristeza, enojo, rabia, impotencia...pero también es cierto que todos hemos vivido momentos, aunque sea sólo unos instantes de felicidad.
Quiero celebrar eso, la felicidad. Mi felicidad es grande porue abarca mucho tiempo y a muchas personas. Hoy que revisaba un directorio viejo me encontré con muchos nombres de personas que quiero, de distintas formas. Algunos de ellos dejaron de estar cerca, se casaron, o simplemente la vida los llevó por caminos distintos al mío. Sin embargo eso no hace que cuando los recuerdo deje de sentir ese sentimiento que alimentaron con su presencia, con sus palabras, con su cobijo en diferentes etapas de la vida.
De los más cercanos está A a quien conocí en el Jardin de Niños y con quien de vez en cuando nos hablamos. JC, compañero de banca en la primaria y a quien hace años que no veo. E, mi amigo de la secundaria que hace poco vi pero que creo que se regresó al extranjero, creo que no le gustaba vivir aquí. S y M a quienes conocí en la Uni y con quienes lloré y padecí el drama del 85. G, una bellisima mujer, sexy, simpática con un exmarido sensacional y a quien tengo ganas de volver a ver...En fin, son tantos. Algunos se me adelantaron como A, el tipo más simpático que he conocido y no obstante haberlo tratado muy poco, llegue a querer de una manera enorme. Esta H quien creo que le importa más su orgullo que acercarse a pedir una disculpa.
Cada persona ha sido una historia, y cada historia a entrañado momentos de enorme felicidad. Como no estar contento cuando hago un recuento de mi vida y me veo como un millonario de cariño, de amor, de solidaridad, de empatía, de tantos y tantos sentimientos que me han acompañado. En realidad si los sentimientos se almacenaran creo que no encontraría una bodega lo suficientemente grande para guardar todos esos lindos sentimientos que me han sido regalados a lo largo de la vida.
Por eso cuando me saco de onda sólo tengo que pensar en el amor que me rodea, que es mucho y que siempre haré todo lo que esté en mis manos por valorarlo sabiamente.

Cómo me volví sospechoso


Me volví sospechoso de una manera fortuita, casi sin darme cuenta, y además cuando empeñaba todos mis esfuerzos por ser una persona honesta.

La historia es la siguiente. Un día, un poco por curiosidad, un poco por hastío, me decidí a poner un anuncio en una de esas muchas páginas de encuentro que existen en la red. Sin embargo no se me ocurría cómo presentarme. Traté de ser lo más parco posible y entrar en pocos detalles sobre mi, a ver qué pasaba. Empecé a conocer a algunas personas, pero me sorprendía el hecho de que muchos de ellos pusieran datos falsos o al menos no totalmente ciertos, como el caso de un hombre cuya foto lo hacía verse bastante interesante: unos treinta años, se veía fuerte y realmente llamó mi atención. A las pocas ocasiones de haber platicado hicimos una cita para reunirnos a tomar un café. Cuando lo vi me llevé mi primera sorpresa. Sin duda era él, pero como después me explicó había puesto una foto de unos diez años atrás. En la plática me enteré de que era casado y rápidamente fue al grano diciéndome que quería coger conmigo. Realmente me decepcionó y cómo pude me safé del asunto no sin ganarme su enojo (el enojado fue él, jaja). Ni modo, así no podían resultar las cosas.

Después de experiencias como estas decidí que lo mejor era tratar de ser lo más honesto posible, de manera que cuando alguien me conociera supiera más o menos con quien estaba tratando y evitar huidas parecidas. Así que en mi presentación dije que tengo pareja, pero que eso no implica que no pueda conocer a otras personas e incluso involucrarme afectivamente con ellas.

Aunque no debería, porque más o menos conozco a mis congéneres, me sorprende la reacción que la gente tiene ante mi intento de honestidad. En primer lugar me han tomado más por un cínico que por una persona honesta, porque aparentemente no se puede ser honesto con ciertos temas, o al menos no se suele tomar como evidentemente cierto lo que se afirma. Más bien la impresión es de que uno es sospechoso de ocultar otra cosa o de pretender enredar en algo oscuro a las personas.

Otra valoración que suele hacerse es de que soy un tipo inmoral, que no respeta los valores enaltecidos en nuestra sociedad. ¿Cómo me puedo atrever a salir con alguien más si ya tengo pareja?, ¿qué me pasa?, y entonces se suele pensar que sólo estoy tratando de jugar con las personas, con sus sentimientos, lo cual por supuesto sirve para seguirme viendo feo.

También se me considera infiel y eso es algo muy feo. Soy el "clásico tipo que le pone el cuerno a su pareja" y por lo tanto no soy una persona de fiar, más bien hay que cuidarse de un tipo como yo. Y creo que la cuestión no es exactamente que piensen que le pongo el cuerno a mi pareja, sino que no lo haga como la mayoría, discretamente, sin que nadie se entere. Y entre estos he encontrado a los más feroces defensores de la fidelidad, aunque ellos mismos se den sus permisos, pero obviamente en el más absoluto secreto.

Todavía están los que me creen una especie de seductor (sic) que ando viendo la manera de llevarme a los tipos a la cama. Quizás estos sean los que más favor me hacen jaja, pues de veras están convencidos de que con una mirada, una sonrisa o unas palabras soy capaz de seducir a los hombres ¡ojalá tuviera esos poderes jaja! pero no, en realidad soy un tipo común, sin negar que tengo mi atractivo. En realidad me he dado cuenta de que estos últimos son a los que de verdad les gusto, les intereso pero que tienen temor de caer en las redes de semejante sujeto desalmado.

Así, me he vuelto un tipo sospechoso pues nadie puede creer que haya hecho un pacto semejante con mi pareja, y si en realidad lo hicimos eso me vuelve un poquito más despreciable aún, porque quiere decir que no valoro lo que mi pareja me entrega, esto me hace verme a esos ojos un poquito peor que para los otros sujetos.

Y los otros, los que creen que miento cuando hablo de la posibilidad de tener un corazón que albergue más de un afecto, esos sólo ven una coartada para envolverlos en mi red y llevarlos a la cama más fácilmente. Cómo puedo querer a más de una persona ¡es imposible! nadie puede hacerlo. En realidad lo lamento por estos últimos porque me hace ver que no se dan chance de sentir algo dulce, tierno, amoroso, por alguien más. Son los que han objetivado a su pareja, es su posesión, es su propiedad, él no puede ver a nadie más, no puede querer a nadie más, aquí estamos ante el colmo de los discursos que hacen que el amor se vuelva sólo un contrato y lo peor es que buscaban precisamente lo contrario jeje.

En fin, que cuando quise ser sincero, mostrarme tal cual soy frente a los otros y lograr así su aprecio y su respeto, fue cuando me volví más sospechoso.

Sí, sé que me afecta, sé que me hace sentir mal darme cuenta de cómo se valora a las personas, sin embargo no podría hacerlo de otra manera. Serán muy pocos quienes me aprecien a pesar de cómo me expreso, pero sé que entre ellos habrá gente muy valiosa que sea capaz de hacer a un lado sus prejuicios y valorarme por quien soy. Sólo quisiera que además valoraran también mi sinceridad. Pero en fin, eso ya no es mi tarea. La mía ha sido ser honesto conmigo mismo y los que no deseen tratar a un sujeto como yo, tampoco los quiero repitiendo esos discursos que me siguen sonando huecos.

De San Juan de la Cruz

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
donde mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.
Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.
Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día.
El aspirar el aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.
Que nadie lo miraba,
Aminadab tampoco aparecía
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía.


sábado, 14 de julio de 2007

De los recuerdos, de la nostalgia

Hace unos días hice un viaje que aparentemente sólo implicaba un cambio geográfico. Me trasladé a un país de Sudamérica al que nunca había ido y que no era un sitio que me atrajera demasiado. Sin embargo mi sorpresa fue enorme al verme trasladado al pasado, a mi propio pasado.

De pronto me vi transportado veinticinco años atrás, a momentos muy intensos de mi vida y que marcaron mucho del camino que en el futuro habría de tomar. De repente sentí una opresión en el pecho, un nudo en la garganta. Al fondo se escuchaba la memorable música de Quilapayun:

De pie, cantar
Que vamos a triunfar.
Avanzan ya
Banderas de unidad.
Y tú vendrás
Marchando junto a mí
Y así verás
Tu canto y tu bandera florecer,
La luz
De un rojo amanecer
Anuncia ya
La vida que vendrá.

De pie, luchar
El pueblo va a triunfar.
Será mejor
La vida que vendrá
A conquistar
Nuestra felicidad
Y en un clamor
Mil voces de combate se alzarán
Dirán
Canción de libertad
Con decisión
La patria vencerá.

Y ahora el pueblo
Que se alza en la lucha
Con voz de gigante
Gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido,
El pueblo unido jamás será vencido...

¿Porqué esa música me hacia sentir de aquella manera? De repente se agolparon muchos recuerdos. Mis primeras idas de pinta de la escuela, mi incursión en los grupos políticos, las discusiones que solíamos tener alrededor de las cervezas y los cigarros. Las incontables marchas y mítines a los que asistí, tantas cosas, tantos amigos, tantos momentos de temor, de rabia, de coraje; pero también de alegría, de sensación de poder, de triunfo.

Pero no acaban ahí mis recuerdos también llegaron otros de manera simultánea, pero mucho más antiguos de unos treinta años atrás, cuando tuve mi primer encuentro sexual con un hombre. En esa época él viajo a ese mismo país y me compró un llavero, algo insignificante, pero que aún conservo, rodando entre muchos otros recuerdos que he juntado a lo largo de la vida. De pronto me dio una enorme ansiedad pensar que podría encontrar un llavero igualito, así que miraba furtivamente en las tiendas buscándolo pero a la vez deseando no encontrarlo. Para mi suerte no lo hallé, sin embargo eso no hizo que todos esos recuerdos y esa nostalgia estuvieran allí presentes, dándome vueltas en la cabeza, haciéndome sentir acongojado por tantos momentos, por tantos amigos desaparecidos. Yo solo en es país que me golpeaba con todas esas imágenes y a la vez con la certidumbre de que si hubiera estado acompañado en ese viaje, difícilmente hubiera podido recobrar muchos de esos recuerdos.

No sé si he podido superar muchas cosas dolorosas de aquella época, sin embargo el hecho es que puedo visualizarlas de una manera distinta con la madurez de los años y con la distancia que permite ponerlos en su justa dimensión.

jueves, 12 de julio de 2007

Solo porque te quiero

Que difícil resulta a veces poder conciliar nuestros sentimientos y los actos cotidianos, sobre todo porque al ir conociendo y tratando a las personas es posible que desarrollemos eso que le llamamos apego. Es algo maravilloso pero que conlleva ciertos riesgos, principalmente porque cuando hablamos de sentimientos es necesario que consideremos, al menos, a dos individuos involucrados en el asunto, independientemente de lo que cada uno sienta por el otro.

La Real Academia de la Lengua lo define como una afición o una inclinación hacia alguien. Nos volvemos aficionados a alguien o nos sentimos inclinados hacia esa persona, pero la mayoría de nosotros sabemos que en cuestión de sentimientos, las probabilidades de que encontremos a alguien que comparta más o menos los mismos con nosotros son bastante bajas. Regularmente hay al menos un cierto desfase entre los de uno y otro, lo que suele volver complicadas las relaciones.

Por otro lado, no hay que perder de vista que muchas de las reglas de cortejo las tenemos profundamente introyectadas y marcan precisamente la posibilidad de tender ese lazo entre las partes. Cualquiera ha aprendido que no es bueno demostrar demasiado interés por el otro, que es bueno darse un poco a desear, que no es bueno que el otro se dé cuanta de que nos derretimos por él, pues seguramente lo único que lograremos es que simplemente seamos tratados con desdén. No voy a hacer un recuento de todas las posibilidades que se presentan a partir de la expresión misma de los afectos, simplemente quiero señalar a partir de estos muy breves ejemplos, que el querer a una persona no es un asunto sencillo y muchas veces implica que no sólo pongamos nuestro corazón sino también nuestra cabeza para lograr que eso que hemos sentido pueda, en el futuro germinar y crecer. Evidentemente no siempre somos capaces de llevar esos sentimientos hacia donde nos propusimos inicialmente, pero la sola existencia de un afecto compartido, del tipo que sea, es suficiente motivo para que pongamos todo nuestro esfuerzo en ello.

Cotidianamente encuentro pruebas de lo valiosas que son esas relaciones. El sólo hecho de un saludo afectuoso hace que valga la pena el esfuerzo puesto para construir esos afectos maravillosos.

La verdad, la verdad…


Desde hace tiempo, cuando platico con chavos que voy conociendo a través de las páginas de Internet, voy conociendo una serie de historias que cada uno de ellos me cuenta, y que van constituyendo la imagen que me voy haciendo de ellos. Puede sonar ingenua mi posición pues muchos dirán que cómo sé que lo que me dicen es “la verdad”. Creo que para mi sería muy difícil poder establecer quién de los chicos con los que he hablado dice la verdad y quién no lo hace. Y entonces aparece la duda ¿qué es la verdad?

Esta no es una cuestión menor pues continuamente estamos preocupados por ello tanto en el plano personal como un nivel mucho más amplio. Nos quejamos de los políticos mentirosos, en nuestras relaciones de trabajo constantemente estamos molestos por alguien que dice mentiras nos afecte o no tal cosa y hasta de las personas más cercanas sospechamos. Supongo que en buena medida porque a todos nos cuesta “decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad”. Y esto tiene un sentido absolutamente lógico, pues es una forma de poner a resguardo nuestra intimidad.

Decimos mentiras muchas veces porque no queremos ponernos en una situación de vulnerabilidad frente a los otros. Hemos aprendido que el ser totalmente transparentes sólo sirve para que en un momento dado se nos eche en cara alguna cosa que hemos dicho o hecho en el pasado, así que las cubrimos con alguna historia que nos parece más o menos verosimil.

Y en relación con esto también es frecuente que en las mismas páginas de Internet los sujetos pidan, reclamen honestidad. Sin embargo mi teoría es que la gente tampoco quieres saber toda la verdad sobre las personas. El no saber también es una forma de protegerse, de no involucrarse, de poder mantenerse al margen de los problemas del otro.

Es así que esa tan mencionada búsqueda de la verdad para mi me parece totalmente relativa. Creo que somos honestos en la medida en que podemos serlo, en que la otra persona se ha ganado nuestra confianza y que no nos haga sentir vulnerables.

Creo que lo que hay que hacer en todo caso es dejar de rasgarnos las vestiduras por ese asunto y asumir que para que las personas nos hablen con la verdad, tenemos que ganárnoslo, siendo a nuestra vez honestos con esa otra persona.

martes, 10 de julio de 2007

Mi tocayo

Cuando llegué al aeropuerto estaba algo nervioso de una forma inusual. Para mi viajar solo siempre ha sido complicado, pero éste además era el primer viaje internacional que hacía sin compañía. Estaba seguro de llevar todo: pasaporte, reservaciones de hoteles, en fin, de hecho no era de ahí de donde provenían mis nervios.
Al acercarme a mi destino la ansiedad me mataba y yo tenía muy claro a qué se debía. Cuando estábamos a punto de aterrizar, casi para tocar la pista, el avión se elevó nuevamente y sobrevoló la ciudad por un lapso de tiempo que a mi me pareció una eternidad. Me molesta cualquier retraso, pero en este caso me preocupaba particularmente. Se suponía que M me estaría esperando a mi llegada, pero el retraso era de más de una hora. Esto sé que suena exagerado para cualquiera que ha tenido que viajar en avión, pero realmente tenia motivos para estar nervioso.
Conocí a M unos 6 meses antes, en una de tantas páginas de internet para contactos. No recuerdo ni cómo fue que empezamos a platicar, pero si recuerdo su espontaneidad, al punto que llegué a pensar que me había confundido con otra persona que ya conocía anteriormente. Fue el hecho de que hablara con soltura y confianza lo que me desconcertó, aunque debo confesar que también me agradó, porque además es un chico muy alegre y sonriente, y si algo me puede desarmar de un hombre es su sonrisa sincera.
Con gran frecuencia nos encontrábamos en el msn y me hacia gracia que en cuanto empezábamos a hablar prendía la cámara para que yo lo pudiera ver mientras platicábamos. Por otro lado no parecía demasiado curioso por mi propia imagen, ya que muy pocas veces me pidió que yo hiciera lo mismo. Así, podíamos platicar y platicar de todo y de nada por largo rato.
Muy recientemente me comentó que estaba metido en un lío legal, algo que para mi sonaba a una verdadera estupidez, pero que en su país se castiga con pena de cárcel. Fue muy triste esa plática porque me dijo que la sentencia era de 4 años de reclusión, lo cual además se me hacia absolutamente desproporcionado. Así, platicando y platicando até cabos de que era posible que el viaje que haría por motivos de trabajo me permitiera hacer una breve escala en su país.
Así se lo comenté y aceptó gustoso pero desde ese momento me surgieron algunos temores producto de las experiencias que había tenido anteriormente. No era lo mismo quedar de ver a alguien en una estación del metro y que te dejaran plantado, a que eso sucediera en otro país. Creo que este pensamiento me inquietaba bastante.
Estas ideas rondaban mi mente cuando al fin bajé del avión y como la ley de Murphy no falla, mi equipaje tardaba en salir. Un chico, nativo del lugar, amablemente me ofreció su celular para llamar a mi tocayo pero...de todos los detalles que pude haber olvidado dejé uno fundamental, ¡no tenia su número! Al fin con la maleta en la mano me dirigí a la salida, no quería perder más tiempo, pero no llevaba moneda local ¿y si no encontraba a mi tocayo? Ni modo, era imperativo cambiar mi dinero.
Al fin en la salida había una multitud esperando a los viajeros. Intenté encontrarlo entre esas decenas de rostros, pero nada. Decidí salir y tratar de encontrarlo. De pronto lo vi venir hacia mí, pero su rostro volteaba hacia donde estaba saliendo la gente del aeropuerto. Lo detuve con ambas manos y nos dimos un abrazo acompañado de risas nerviosas. Camino a su casa confesó haber tenido temores semejantes a los míos. Llegamos como a las nueve y hasta las 2 o 3 de la madrugada estuvimos platicando. Eran tantas las cosas que teníamos que decir y tan poco tiempo...
Con cada persona que conozco aprendo un poco o al menos trato de hacerlo. Fue sorprendente, al menos para mí, la convivencia con un chico tan consciente de su belleza física. Pocas veces me he topado de esta manera con sujetos así de atractivos y sexys, que les gusta lucir su belleza, pero sin que eso se traduzca en un engreimiento que los haga intolerables. Por el contrario, el trato con M fue una experiencia sumamente grata.
¿Que impidió que llegáramos al sexo? Realmente no es muy claro para mí. Los dos solos en su casa, es su cama, sintiéndonos a gusto uno al lado del otro ¿es que nos sentíamos "demasiado" a gusto así como estábamos? ¿es que no le agradé físicamente? pero él me gusta mucho y me quedé igual ¿será que la empatía de las últimas semanas nos bloqueó?
Felizmente lo que si tuvimos fueron largas sesiones de apapachos, muchos que me reconfortaron y con los que pienso que él estuvo a gusto. Nos sonreíamos, nos decíamos cosas lindas, nos mirábamos. Él decidió que sería el fotógrafo oficial, hace mucho que no tenía tantas fotos de mi mismo. A donde quiera que íbamos quería tomarme fotos, y después de cada visita de rigor nos tomábamos una foto juntos.
Puedo decir que existen los garbanzos de a libra y yo he tenido suerte de encontrarlos. Como le comenté a alguien, se trata de un corazón con patas que lamentablemente vive en un sitio lejano. Creo que parte de la sensación de bienestar fue porque nos tratamos con la misma afectuosidad, amabilidad y ternura el uno al otro.
Insistió en que conociera a sus amigos, y a dos de sus hermanos, quienes también me trataron muy bien A pesar de que vive en condiciones muy modestas trató de ofrecerme lo mejor posible…y lo logró
Todo fue sensacional, mientras duró. Si, el nuestro fue un breve encuentro de sólo 3 días, que sin embargo para mí fueron muy importantes pues no es fácil encontrar a alguien tan fantástico. Siento un poco de nostalgia por él. Me gustaría repetir muchas de esas sesiones de plática mientras nos tomábamos una cerveza.
Sé que será difícil encontrarnos pronto sin embargo siento que el hecho de habernos conocido personalmente hizo que nuestra amistad cambiara. ¿Para dónde irá? No lo sé. Eso es totalmente incierto, pero sin duda me hizo muy feliz poder conocer a mi tocayo.
Y como última coincidencia ¡le fascina el chocolate!