sábado, 28 de julio de 2007

De las familias que construimos


Cuando comprendí que era gay y que eso no cambiaría, a mis escasos veinte años, también me di cuenta de que tenía que hacer ajustes en mi vida, rápidos y radicales. Primero porque siendo tan grande la homofobia de mi padre y siendo él tan violento y agresivo, no podía esperar que comprendiera que su hijo era gay. Lo inmediato era lograr mi independencia a como diera lugar.

Fue así como, aún siendo estudiante de licenciatura dejé la casa de mis padres para hacerme cargo de mi propia vida. Pero también tomé una decisión muy drástica y que marcó mi vida en adelante: no regresaría a esa casa y menos aún si fracasaba en mi empresa. Ya vería como salvaba las broncas, pero después de haber visto la condición lamentable en que regresó mi hermano después de que mi padre lo corriera, estaba seguro de que no iba yo a pasar por lo mismo.

Con apenas la beca que percibía en la escuela, hallé la manera de superar los obstáculos y salir adelante. No fue nada fácil. A veces, cuando se acercaba el fin de la quincena y mis escasos ingresos llegaban a su nivel más bajo, sentía flaquear en mis deseos de ser independiente, sin embargo, con muchas carencias pero también con una gran voluntad, logré salir adelante.

Terminar la carrera y empezar a trabajar profesionalmente tampoco fue sencillo. Alguien me pasó el tip de que había una vacante que me quedaba que ni mandada a hacer, sin embargo tuvieron que pasar tres meses para lograr que me contrataran.

Antes de poder empezar a trabajar, mis escasos ingresos desaparecieron, ni un centavo me quedaba, así que tuve que recurrir a la única persona que podría sacarme del hoyo en ese momento: mi madre. Le pedí un préstamo, sólo mientras empezaba a cobrar, sin embargo ella misma andaba con pocos recursos en ese momento, así que me dijo que la única solución era que yo regresara a casa. De inmediato rechacé la oferta. Ahora recuerdo el dicho de una muy querida amiga mía “el hambre me tira pero el orgullo me levanta”.

¿Cómo salir del bache? Lo único que tenía eran tres libreros, mis libros, mi ropa y mi cámara fotográfica. Así que empecé por vender los libreros a un amigo solidario que me los compró a un precio razonable. Al mismo tiempo empecé a visitar a mis amigos más o menos a la hora de la comida. Dicen que “mas vale llegar a tiempo que ser invitado”. Logré algún préstamo por parte de otros cuates y así poco a poco sobreviví el tiempo necesario para poder cobrar mi primer suelo y empezar a pagar, mis deudas.

Aún recuerdo con gratitud a muchos de esos amigos que me dieron la mano en los momentos de mayor dificultad. La mayoría los he dejado de ver, sin embargo no olvido lo buenos que fueron conmigo y lo mucho que me ayudaron.

Pocos años después murió mi padre y al cabo de algunos años mi hermana se casó. Fue entonces cuando mi madre me pidió que regresara a vivir con ella para no quedarse sola. Nuevamente aparecieron mis fantasmas: me convertiría en el clásico homosexual de mediana edad viviendo con su madre y saliendo a escondidas para tener algún encuentro clandestino. ¡¡¡¡noooooooo!!!!. Aún me pregunto si no fue demasiado ingrato de mi parte no haber aceptado su solicitud. Cada vez que me acuerdo de eso pienso que quizás debí haber dicho que si. Pero eso implicaba dejar mi trabajo, mi ciudad, a mis amigos, mi independencia.

También con el paso de los años fui conociendo amigos que se hicieron muy queridos para mí. La mayoría gay, de mi edad, cuyas historias tenían algún punto en común con la mía. Así fuimos construyendo familias que nos apoyamos, nos cuidamos, nos solidarizamos, festejamos las fechas importantes.

Sin embargo debo reconocer una cierta nostalgia por mi madre que murió hace unos cuantos años, y por las escasas fiestas que disfrutamos como familia. Quizás sea esa la razón por la que busco estar rodeado de personas a las que quiero, para sentir que de nuevo tengo una familia

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