sábado, 14 de julio de 2007

De los recuerdos, de la nostalgia

Hace unos días hice un viaje que aparentemente sólo implicaba un cambio geográfico. Me trasladé a un país de Sudamérica al que nunca había ido y que no era un sitio que me atrajera demasiado. Sin embargo mi sorpresa fue enorme al verme trasladado al pasado, a mi propio pasado.

De pronto me vi transportado veinticinco años atrás, a momentos muy intensos de mi vida y que marcaron mucho del camino que en el futuro habría de tomar. De repente sentí una opresión en el pecho, un nudo en la garganta. Al fondo se escuchaba la memorable música de Quilapayun:

De pie, cantar
Que vamos a triunfar.
Avanzan ya
Banderas de unidad.
Y tú vendrás
Marchando junto a mí
Y así verás
Tu canto y tu bandera florecer,
La luz
De un rojo amanecer
Anuncia ya
La vida que vendrá.

De pie, luchar
El pueblo va a triunfar.
Será mejor
La vida que vendrá
A conquistar
Nuestra felicidad
Y en un clamor
Mil voces de combate se alzarán
Dirán
Canción de libertad
Con decisión
La patria vencerá.

Y ahora el pueblo
Que se alza en la lucha
Con voz de gigante
Gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido,
El pueblo unido jamás será vencido...

¿Porqué esa música me hacia sentir de aquella manera? De repente se agolparon muchos recuerdos. Mis primeras idas de pinta de la escuela, mi incursión en los grupos políticos, las discusiones que solíamos tener alrededor de las cervezas y los cigarros. Las incontables marchas y mítines a los que asistí, tantas cosas, tantos amigos, tantos momentos de temor, de rabia, de coraje; pero también de alegría, de sensación de poder, de triunfo.

Pero no acaban ahí mis recuerdos también llegaron otros de manera simultánea, pero mucho más antiguos de unos treinta años atrás, cuando tuve mi primer encuentro sexual con un hombre. En esa época él viajo a ese mismo país y me compró un llavero, algo insignificante, pero que aún conservo, rodando entre muchos otros recuerdos que he juntado a lo largo de la vida. De pronto me dio una enorme ansiedad pensar que podría encontrar un llavero igualito, así que miraba furtivamente en las tiendas buscándolo pero a la vez deseando no encontrarlo. Para mi suerte no lo hallé, sin embargo eso no hizo que todos esos recuerdos y esa nostalgia estuvieran allí presentes, dándome vueltas en la cabeza, haciéndome sentir acongojado por tantos momentos, por tantos amigos desaparecidos. Yo solo en es país que me golpeaba con todas esas imágenes y a la vez con la certidumbre de que si hubiera estado acompañado en ese viaje, difícilmente hubiera podido recobrar muchos de esos recuerdos.

No sé si he podido superar muchas cosas dolorosas de aquella época, sin embargo el hecho es que puedo visualizarlas de una manera distinta con la madurez de los años y con la distancia que permite ponerlos en su justa dimensión.

1 comentario:

Janoengels dijo...

que tal compañero, muy interesante su blog. ¿ud estubo en Chile?, yo soy de aquellas tierras. En el continente aquellas epocas de revoluciones sociales fallidas, muchxs compañerxs las encuentran tristes, debio haber sido duro. Pero habemos compañerxs que le damos una nueva esperanza a la licha popular.

BESOS