jueves, 12 de julio de 2007

La verdad, la verdad…


Desde hace tiempo, cuando platico con chavos que voy conociendo a través de las páginas de Internet, voy conociendo una serie de historias que cada uno de ellos me cuenta, y que van constituyendo la imagen que me voy haciendo de ellos. Puede sonar ingenua mi posición pues muchos dirán que cómo sé que lo que me dicen es “la verdad”. Creo que para mi sería muy difícil poder establecer quién de los chicos con los que he hablado dice la verdad y quién no lo hace. Y entonces aparece la duda ¿qué es la verdad?

Esta no es una cuestión menor pues continuamente estamos preocupados por ello tanto en el plano personal como un nivel mucho más amplio. Nos quejamos de los políticos mentirosos, en nuestras relaciones de trabajo constantemente estamos molestos por alguien que dice mentiras nos afecte o no tal cosa y hasta de las personas más cercanas sospechamos. Supongo que en buena medida porque a todos nos cuesta “decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad”. Y esto tiene un sentido absolutamente lógico, pues es una forma de poner a resguardo nuestra intimidad.

Decimos mentiras muchas veces porque no queremos ponernos en una situación de vulnerabilidad frente a los otros. Hemos aprendido que el ser totalmente transparentes sólo sirve para que en un momento dado se nos eche en cara alguna cosa que hemos dicho o hecho en el pasado, así que las cubrimos con alguna historia que nos parece más o menos verosimil.

Y en relación con esto también es frecuente que en las mismas páginas de Internet los sujetos pidan, reclamen honestidad. Sin embargo mi teoría es que la gente tampoco quieres saber toda la verdad sobre las personas. El no saber también es una forma de protegerse, de no involucrarse, de poder mantenerse al margen de los problemas del otro.

Es así que esa tan mencionada búsqueda de la verdad para mi me parece totalmente relativa. Creo que somos honestos en la medida en que podemos serlo, en que la otra persona se ha ganado nuestra confianza y que no nos haga sentir vulnerables.

Creo que lo que hay que hacer en todo caso es dejar de rasgarnos las vestiduras por ese asunto y asumir que para que las personas nos hablen con la verdad, tenemos que ganárnoslo, siendo a nuestra vez honestos con esa otra persona.

No hay comentarios: