
El año pasado fui a España por motivos de trabajo y como siempre no pude resistirme a adquirir las novedades editoriales de temática gay que hubiera en Madrid, así que me dirigí a Berkana a comprar todo lo que mi maleta y mi bolsillo fueran capaces de traer a México. Para variar mi bolsillo resultó más pequeño que mis deseos y mi maleta, así que tenia que hacer una cuidadosa selección para no errar mi compra.
Entre los muchos libros que llamaron mi atención estaba Nadan dos chicos de Jaime O’Neill, una novela de cerca de 800 páginas y un precio superior a los $500 pesos mexicanos. Dudé mucho pero al final desistí de comprarla. Era mucho dinero y no estaba seguro de su calidad.
Llegando a México una de las tareas que me puse fue investigar acerca de ese libro que me había hecho dudar. Descubrí que el autor era un escritor irlandés que había escrito esa primera novela en diez años de trabajo mientras laboraba en un hospital psiquiátrico como velador. El libro por lo pronto lo había sacado de pobre al vendérselo a una editorial que lo consideró un éxito seguro y del cual hicieron traducciones a otros idiomas.
La crítica era bastante entusiasta al recomendar el texto como una de las grandes maravillas de la literatura de habla inglesa y con el plus de ser una obra que tenía como protagonista a dos chicos enamorados.
Me entusiasmé con el libro así que decidí que lo quería. Poco después una persona muy cercana viajó a España y le encargué el libro, no lo podía olvidar. A su regreso me dijo que no lo había traído porque era un libro muy grande y como seguramente no estaba yo seguro del valor del texto que mejor me había traído otro libro.
Pero yo quería ese. Al poco tiempo una amiga mía me dijo que un amigo cercano iría a España y volví a hacer mi encargo. Al poco tiempo me confirmó que habían comprado el libro y que se dirigían a México. Primero irían a Oaxaca y después pasarían a México.
Las cosas para estos mensajeros se complicaron y tenían que regresar rápidamente al otro lado del océano. Mi libro regreso a su origen. ¡no era posible!, después de algunos meses nuevamente la noticia de que mi libro viajaría a México en manos de otro amigo.
Me encontraba verdaderamente desesperado por recibir la obra, y todavía tardó algunos días más.
Finalmente mi amiga me confirmó que lo tenía en sus manos pero no nos podíamos ver porque ella tenía muy ocupados sus días esa semana. Nueva espera.
Por fin después de mucho esperar por fin lo recibí. Como niño lo tomé en mis manos, lo acaricié, lo hojee, sentí la textura de sus hojas, olí el papel y la tinta. ¡Era maravilloso!
Al fin me senté a leer. Después de haber avanzado unas 400 páginas me sentí desconcertado. Sin duda el libro es bueno, pero, ¿es que acaso puse demasiadas expectativas en ese texto? Estoy por terminarlo y no sé, siento como que le falta un poco de pasión, no sé realmente.
Me gusta la manera en que escribe el autor, he aprendido de la historia de Irlanda, la historia es interesante pero como suelo decir “le falta algo de carnita” Espero que las últimas cien hojas me convenzan de que valió la pena tanto esfuerzo por lograr obtener el libro que me sedujo en esa librería.
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