Ayer leí en una página de contactos que alguien puso en su perfil “que weba escribir, mejor dime que quieres”. Unos días antes un chico me escribió “yo creo que reprobaré el examen para entrar a la universidad pero voy a intentar entrar en otra”. Creo que estos chicos nacieron con weba precisamente. Una de las cosas más difíciles en este mundo sin duda es encontrar el entusiasmo para salir del huequito que la vida le hizo a uno.
Ahora que recuerdo a tantas y tantas personas que he conocido, a tantos alumnos que he tenido, me doy cuenta de que efectivamente son uno o dos los que han tenido el coraje, pero realmente no sólo es eso, más bien la amplitud de miras, la intención, de hacerse un proyecto de vida, pensar a dónde le gustaría a uno llegar.
Recuerdo muy bien que cuando estudiaba la licenciatura en algún momento me puse como meta llegar a ser un investigador, un académico, pues veía que ahí estaba el tipo de cosas que realmente a mi me interesaban. Tardé muchos años en lograrlo, diez aproximadamente pero alcancé la meta. Hoy me he puesto otras que intentaré alcanzar pero que realmente implican un compromiso, una entrega, una pasión. Me paso la vida con una actividad tan intensa que muchas veces creo que no lograré superarlo, y siempre encuentro algo nuevo en lo cual comprometerme.
Quizás ese apasionamiento es lo que me ha permitido alcanzar mis objetivos, pero evidentemente no sólo ha sido algo útil, también me sacó muchas veces de la jugada. Durante una época de mi vida en la que estuve en un puesto de confianza en una institución pública, se suponía que uno tenia que ser condescendiente con los jefes. Por supuesto no duré mucho tiempo, después tuve que buscar otro empleo pues no solía tolerar los desplantes de aquellos sujetos a los que además les tenía muy poco respeto en términos intelectuales.
Por supuesto esto no se circunscribe a lo laboral sino que de manera importante ha tenido un gran impacto en mi vida. Creo que las personas con las que mejor he podido relacionarme, con quienes realmente he logrado desarrollar una amistad que vale la pena, los hombres a los que verdaderamente he amado, han sido precisamente aquellos que viven su vida apasionadamente. Cuando volteo el rostro y observo precisamente a aquellos que han sido relevantes en la construcción de mi propia biografía, han sido los hombres y las mujeres que han hecho de su propia existencia una aventura.
Quizás muchos prefieren las aguas serenas o como dicen en política “nadar de a muertito”, para mi esas aguas apacibles son disfrutables sólo en determinados momentos, pero en otros requiero la fuerza, la energía, el sacudimiento de las aguas rabiosas, encrespadas.
Apenas platicando con B, con quien viví una extraña e intensa aventura de apenas un mes el año pasado, nos dimos cuenta de lo fuerte que había sido esa relación y cómo nos había conducido a construir una amistad muy bella. No nos hemos visto desde el momento de nuestra ruptura, sólo hemos platicado por msn, pero es evidente que dos personalidades tan intensas tendían a construir una relación igualmente intensa. A pesar de que eso derivó en una amistad, seguramente eso no lo hará menos intenso pues nuestros afectos no son condescendientes.
J, otro gran apasionado igualmente se ha convertido en un sujeto importante en mi vida. Como buen artista también tiene un carácter arrebatado que expresa a través de sus gestos y su maravillosa vos de tenor. Y puedo pensar en muchos otros, algunos con los que he hecho bromas acerca de lo “atacados” que podemos ser.
Alguien se ha referido a las personas que tienen “sangre de atole” para hablar precisamente de los que la vida les pasa sin pena ni gloria. Tienen aventuras, anécdotas, experiencias, sin que nada de ello los apasione, sin que nada los marque, sin que se sientan realmente vivos a partir de aquello. Creo que cuando no logro sacudir a una persona, cuando no logro ver intensidad en ella, termina por aburrirme. Que lástima, porque ha habido personas que me hubiera encantado hacer que se conmovieran.
Sin embargo yo sigo mi vida, me seguiré tirando por la ventana, me seguiré azotando contra las paredes, algún día me compraré mi cama de clavos para azotarme más a gusto, pero seguro que no podré acoplarme a la mansedumbre de quien vive la vida como si fuera un domingo en la mañana, echadito en su cama, sin nada que lo altere.
Si me preocupa cómo será mi vida en el futuro, cuando las fuerzas me empiecen a faltar, pero como dice una amiga, mientras el cerebro me funcione, yo haré que lo demás a mi alrededor gire como a mi me gusta, con pasión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario