viernes, 17 de agosto de 2007

La Ciencia


Resulta que en pleno siglo XXI seguimos arrastrando viejos discursos de la ciencia positivista. Resulta que aún el día de hoy, muchos de los postulados que en el siglo XIX fueron fundamentales para el desarrollo y validación del conocimiento siguen siendo exigidos a quienes producen conocimiento.

La aparentemente superada discusión en torno a la objetividad del conocimiento sigue estando presente en muchos ámbitos académicos. Por ejemplo en una convocatoria que acabo de ver para un congreso de investigación turística se indica a los participantes que sus ponencias no pueden estar escritas “en primera persona, sea singular o plural mayestático”, lo que en muchos contextos se supone que previene contra la subjetividad del investigador.

Otra ficción que sigue presente es la que supone que los estudios cuantitativos son más rigurosos que los cualitativos y se suele cuestionar a estos últimos acerca de la representatividad de sus resultados, a sabiendas de que precisamente, en esas investigaciones no se está partiendo de esa premisa.

Y en términos disciplinarios algunas ciencias son más “científicas” que otras. Un caso claro es el de la medicina que se sigue asumiendo como la que tiene la última palabra en muchos contextos de conocimiento. Así, el médico suele dar su veredicto como si tuviera que asumirse como un dogma de fe que no pudiera ser cuestionado. Lo peor que le puede suceder a un médico es que un paciente le pida que argumente sus conclusiones; es una blasfemia.

Así, quienes hablan del enorme desarrollo de la ciencia de repente pierden de vista el hecho de que aún en la ciencia hay mucha resistencia a aceptar nuevas ideas.

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