
Es curioso descubrir como muchas de las cosas que realmente valen la pena las tenemos al alcance de la mano. Las relaciones de verdad, amigos, amantes, parientes incluso compañeros de trabajo con quienes podemos compartir mucho de la experiencia construida en la labor cotidiana.
Algunas veces vamos en pos de metas tan distantes que no volteamos a ver esas metas pequeñas, cercanas, que nos dan satisfacciones y nos pueden alegrar el día.
Muchas veces en mi día hago un alto y me pongo a ver mi entorno: los árboles, las calles, las personas, mi casa y descubro cosas que me satisfacen. También a veces me pongo a escuchar los sonidos que hay a mi alrededor y para ello apago la música y empiezo a escuchar un reloj, un auto a lo lejos, alguien que pasa caminando. A veces la música deja de ser algo grato y se convierte en algo invasivo y dejo de disfrutarla.
Muchas veces, en la noche o por la mañana muy temprano, cuando siento el cuerpo de mi compañero a mi lado en la cama, disfruto de sentirme acompañado calidamente por él.
Si a veces desea uno más de lo que tiene, quiere lo que no se ha podido alcanzar, corre uno en pos de lo que se ve a lo lejos, pero a veces hay que detenerse y ver lo que tiene uno al lado y que vale la pena, relaciones, cosas que también son producto de nuestro empeño, de nuestras ganas de alcanzar eso que ahora forma nuestro entorno.
Hay muchas cosas ahí que realmente valen la pena.
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