Edmund White, Jean Genet y David Leavitt.
El primero que conocí fue Genet, y me marcó particularmente su extraordinaria obra Querelle de Brest, una fantástica novela homoerótica en la que se narra la relación de un par de hermanos en la costa francesa, uno de ellos marinero del cual está enamorado su capitán. Tanto el libro como la película son de una enorme belleza artística.
Quizás sea este como ninguno otro autor el que puede retratar la fuerza, la violencia, la masculinidad, el erotismo entre varones de una manera magistral. Muchos de los pasajes de esa obra los tengo aún grabados en mi memoria.
David Leavitt es otro autor que me sedujo con sus obras. Recuerdo que me llamó particularmente el titulo de una de ellas El lenguaje perdido de las gruas. Leí varias de sus novelas que me hacen imaginar alguna de esas ciudades pequeñas norteamericanas creo que de los años setenta. Ahora mi mente confunde argumentos y títulos de sus novelas pero recuerdo haberme sentido impactado por una en la que relata el encuentro de un hombre con su hijo que está saliendo de la adolescencia en un típico cine en el que los hombres tienen encuentros sexuales. La manera en que relata el pasaje me hace pensar en la enorme desolación a la que se enfrentan los personajes.
Finalmente Edmund White, de quien sigo esperando que se traduzca su biografía de Genet al español. (que por cierto sólo una vez la vi en su edición en inglés). De él me sorprendieron sin duda sus relatos autobiográficos principalmente La hermosa habitación está vacía, Historia particular de un muchacho, Desollado vivo. De las cosas que me sorprendieron de los relatos de este autor fue poder descubrirme en sus experiencias, ver que podía compartir algunas de ellas, y más que eso, algunos sentimientos frente a las experiencias que marcaron su vida.
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