
Casualmente me encontré a un chico muy especial que llamó mi atención no tanto por su aspecto sino por lo que me dijo. Resulta que deambulando por las páginas de contactos conocí a alguien cuya fotografía me impactó. A pesar de no mostrar mucho de su cara o cuerpo me pareció que era un sujeto atractivo. Fue así que me decidí a escribirle y me contestó muy rápidamente, muy dispuesto a platicar conmigo.
Después de algunos mensajes a través de Internet decidimos que era buena idea encontrarnos para tomar unas cervezas y conocernos. Decidimos cuál sería un buen sitio para platicar y finalmente nos reunimos.
La plática fue amena y él resultó ser una persona agradable. Poco a poco nos fuimos presentando, platicando de esto y de aquello, y casi sin querer llegamos a la parte en la que hablaríamos de nosotros mismos y nuestra sexualidad.
Primero me sorprendió saber que estaba apenas incursionando en el conocimiento de hombres con un interés más allá que el meramente amistoso. Según me contó sus anteriores relaciones siempre habían sido con mujeres y siempre había tenido mucho éxito en eso, pero desde hace algún tiempo sentía curiosidad por conocer a hombres y por qué no, tener alguna experiencia sexual.
Fue así como incursionó en un sitio de ambiente al que acudió en compañía de una amiga lesbiana. En ese sitio platicó con diferentes sujetos sin que ello tuviera mayores consecuencias hasta que antes de salir del sitio conoció a un chico que se ofreció a acompañarlo. Supongo que no le disgustó porque acordaron ir a un hotel juntos. La única condición que puso este chico fue que quería que un hombre se la mamara, sólo eso, no deseaba nada más. Según su relato la experiencia resultó superior a lo que había imaginado pero acabó mal cuando el otro pidió reciprocidad y mi amigo se negó.
Durante el relato evidentemente sentí que había una segunda intención al comentarlo, se podía entrever la intensión de seducir y recrear en vivo la experiencia que me había relatado. De hecho cuando lo llevé a su casa y pidió que lo dejara en un callejón bastante oscuro, podía sentir su deseo de que ese encuentro pudiera tener otras consecuencias. Sin embargo, después de su relato y lo enfático que había sido al señalar que su vida no había estado caracterizada por este tipo de encuentros, y que no deseaba tener un contacto más íntimo con otro hombre, difícilmente me hubiera animado a tratar de experimentar algo más con él.
Me llama la atención su actitud. De hecho hemos seguido en contacto y ha seguido presente el deseo de que tengamos algo que ver, pero siempre haciendo énfasis en su papel activo y en el que no acepta otra clase de contacto que no sea sexo oral o penetración.
Por supuesto veo reflejadas en su actitud muchos comportamientos que he visto expresar en otros contextos en los que se relata la actitud "masculina" con temor a ser reconocido de una manera diferente a la heterosexual.
Considero que a pesar de que mucho se ha avanzado en reivindicar las identidades gay o bisexual aún existen muchos temores por parte de muchos hombres a reconocer un gusto, un deseo tanto de relacionarse sexual como afectivamente con otro hombre. Hay quienes dicen "solo le hace falta un empujoncito" pero la verdad es que para muchos ese empujoncito representa un reto muy difícil de afrontar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario