Quiero hacer una reflexión que me parece oportuna ahora que he pasado ligeramente de los 40 años. Inicié mi vida sexual un poco temprano en mi adolescencia, lo que me tocó conocer lo que era la sexualidad a finales de los años setenta. Esto le dio una connotación especial a esta experiencia pues en ese entonces no había aún noticias acerca del SIDA por lo que los encuentros sexuales eran sin condón, y de entonces me quedó en mi menoría el recuerdo del aroma de la crema nívea que entonces era lo que usábamos. En realidad pasaron varios años antes de que el tema del condón fuera un asunto que nos tomáramos en serio, pero cuando comprendimos la seriedad del asunto, lo asumimos en serio.
Con el tiempo fui conociendo a chicos que se iniciaron en la sexualidad cuando el condón ya era algo de uso corriente y suponía que para ellos ya ni siquiera era necesario considerar el hecho de comprar o no condones, y sin embargo me he dado cuenta de que estaba equivocado. Aparentemente sigue existiendo la idea de que no hay nada como hacerlo sin condón.
Me parece que en eso hay más de imaginario que de real y que como en muchas cosas, vamos construyendo fantasías y llegamos a creer tanto en ellas que van cobrando un sentido de realidad inimaginable. Así es como me he tratado de explicar esa ansia que genera el querer tener encuentros sin condón, el famoso bareback.
Finalmente creo que como se ha afirmado desde hace mucho tiempo, lo que nos hace falta es educarnos en la sexualidad y ser más creativos en el encuentro con nuestra pareja.
martes, 25 de diciembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario