martes, 25 de diciembre de 2007

Narciso


Cuando murió Narciso, las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron del río gotas de agua para llorarle. “¡Oh!”, les respondió el río, “aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo le amaba” “¡Oh!”, prosiguieron las flores de los campos. “¿cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso”. “¿Era hermoso?”, dijo el río. “¿Y quién mejor tu para saberlo?”, dijeron las flores. “Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su belleza…” Wilde se detuvo un instante… -“Si yo le amaba”, respondió el río, “es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas”.

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