
Estamos tan acostumbrados a ciertos discursos en torno a la masculinidad que ya se nos hace totalmente aceptables y no cuestionamos su sentido aún cuando no los reconozcamos en nosotros mismos.
Uno que me parece que tendría que cuestionarse es el relativo a la ternura. Dentro de nuestros contextos culturales la ternura es asociado a lo femenino, a lo infantil, incluso se llega a ver a ciertos animales como tiernos pero para que un hombre sea considerado tierno entonces si encontramos muchas dificultades.
En primer lugar es tierno un padre con su hijo recién nacido, puede llegar a ser tierno con una mujer a la que ama, y hasta ahí llegan sus posibilidades. Cuando se va más allá de ello entonces el sujeto empieza a ser sospechoso.
Un hombre tierno suele considerarse afeminado y por derivación ser considerado homosexual. La ternura se vuelve así un atributo restringido a los hombres. Como muchas otras formas de expresión de nuestros sentimientos, de nuestra afectividad, se nos suele tratar como si fuéramos unos discapacitados sentimentales, y lo peor es cuando como sujetos gay, nuestros amigos, nuestros amantes nos ven con cierto recelo cuando empezamos a expresar nuestra ternura.
Hay tal temor por un supuesto afeminamiento que muchos sujetos mantienen un estricto control sobre su cuerpo y su comportamiento para evitar expresar algo que pueda llegar a considerarse afeminado.
Pero habemos algunos que no estamos dispuestos a perder esas escasas formas de expresión de nuestros sentimientos que pudimos rescatar de una educación homófoba y misógina.
Viva la ternura
Uno que me parece que tendría que cuestionarse es el relativo a la ternura. Dentro de nuestros contextos culturales la ternura es asociado a lo femenino, a lo infantil, incluso se llega a ver a ciertos animales como tiernos pero para que un hombre sea considerado tierno entonces si encontramos muchas dificultades.
En primer lugar es tierno un padre con su hijo recién nacido, puede llegar a ser tierno con una mujer a la que ama, y hasta ahí llegan sus posibilidades. Cuando se va más allá de ello entonces el sujeto empieza a ser sospechoso.
Un hombre tierno suele considerarse afeminado y por derivación ser considerado homosexual. La ternura se vuelve así un atributo restringido a los hombres. Como muchas otras formas de expresión de nuestros sentimientos, de nuestra afectividad, se nos suele tratar como si fuéramos unos discapacitados sentimentales, y lo peor es cuando como sujetos gay, nuestros amigos, nuestros amantes nos ven con cierto recelo cuando empezamos a expresar nuestra ternura.
Hay tal temor por un supuesto afeminamiento que muchos sujetos mantienen un estricto control sobre su cuerpo y su comportamiento para evitar expresar algo que pueda llegar a considerarse afeminado.
Pero habemos algunos que no estamos dispuestos a perder esas escasas formas de expresión de nuestros sentimientos que pudimos rescatar de una educación homófoba y misógina.
Viva la ternura











