
Ayer tuve una de esas noches que solían ser comunes hace algunos años. Un poco a regañadientes me dejé convencer de ir a la Zona Rosa para recorrer algunos de los bares que ahí existen. Llegamos más o menos temprano y nos metimos al Taller. Vaya! Hacía tiempo que no me metía en ese sitio. Estaba bastante lleno en su parte de arriba, pero bueno, es un sitio que nunca me gusto mucho. Bajamos y estaba totalmente vacío, poco a poco empezó a bajar la gente. Mi amigo insistía en que el sitio era de ligue, sin embargo cuando vi esas caras no me parecieron amigables como para ligar, y empecé a recordar mis viejos tiempos en los que iba a estos mismos sitios e intentaba ligar (siempre fui muy malo para eso), pero recuerdo esas mismas caras, esos mismos gestos, esas mismas expresiones. Recuerdo haber visto a esos sujetos pasarse la noche tomando sus bebidas volteando de cuando en cuando, pero con esa expresión. No faltaba alguno que se aventuraba a acercarse a otro que se aburría en una esquina del lugar y unos segundos después regresaba a su sitio con cara de pocos amigos. Siempre me pregunté qué esperaban esos sujetos, que querían, porqué iban a esos sitios a poner su cara de entierro y me parecía que eran muy mezquinos pues no querían obsequiar al resto de la concurrencia una sonrisa, una palabra amable, vaya, si siquiera un gesto que hiciera pensar que podía uno al menos platicar con ellos. En realidad no sé qué pensar de esos sujetos, de los que han estado ahí durante años, esperando algo, no sé en realidad qué y me pregunto si ellos lo saben. Pienso que si regreso dentro de varios años, ahí seguirán en su rincón, con esa cara de perro y condenados al silencio y a la soledad. Más tarde fuimos a otro sitio, a un lounch, el 12.30. El sitio estaba lleno de grupos de amigos de diversos tamaños, desde tres hasta más de veinte. Como bien lo dijo mi amigo este era un sitio bastante fresa y sin embargo me hizo sentir más a gusto. Se dirá que yo soy muy fresa y que por eso me agrado. Creo que también por eso jaja, pero fundamentalmente porque se sentía un ambiente mucho más cálido. No había ligue, definitivamente no podría haberlo en un sitio como este, y sin embargo me dio la impresión que realmente era este un sitio para “estar”, y curiosamente los únicos que vi con esa misma cara de perro, fueron un par de parejas mixtas (hombre y mujer) que parecían estar en la sala de espera del dentista. Finalmente fuimos al Nicho. El lugar estaba bastante lleno, la música a un volumen más o menos aceptable y el calor humano a todo lo que daba. Sin embargo, nuevamente sentí aquí la calidez de un sitio en el que se reúnen los amigos. Los rostros eran amables, se oían risas, platicas animadas, las parejas se besaban y se fajaban. En fin, un sitio en el que incluso podría haberme animado a intentar un ligue. Ojalá que se extingan los ambientes como los del Taller y desaparezca mucho de la arrogancia que en esos sitios parece flotar en el ambiente. Creo que muchos gay serían mucho más felices si tuvieran una actitud y un gesto más amable ante la vida y ante los demás.
¿Y la bufanda del titulo? Esa la olvidó mi amigo en el coche cuando lo fui a dejar a su casa.
¿Y la bufanda del titulo? Esa la olvidó mi amigo en el coche cuando lo fui a dejar a su casa.
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