martes, 1 de enero de 2008

profe!


Este fin de año recibí dos regalos inapreciables y que me llenan de satisfacción por muchas razones. Los regalos fueron dos mensajes de jóvenes estudiantes que terminaron su trabajo de tesis bajo mi dirección en el año que termina.
En ambos casos los mensajes tuvieron más o menos el mismo sentido y fue el de sentirse agradecidos por haber acompañado su trabajo académico hasta el final y no haberlos dejado claudicar cuando estaban a punto de dejar su trabajo y dedicarse a otra cosa.
La cuestión del agradecimiento es menos importante que el hecho de que hayamos coincidido como seres humanos sensibles, que comparten intereses intelectuales y que tienen metas semejantes. Es que esa parte humana hay podido encontrar un interlocutor, y poder reconocer que podemos ser no sólo maestro-alumno; que nuestra relación no tiene que ser de subordinación o de poder-dominación, sino que puede ser de seres inteligentes que dialogan en torno a un asunto que ambos interesa, y que detrás de ello puede existir una bonita amistad.
Así, me siento muy orgulloso por esos dos alumnos que alcanzaron esa meta y me siento satisfecho por esos dos jóvenes que estimo y que deseo ver cómo siguen su camino cosechando éxitos en su vida personal y profesional.
Creo que como profesor no puedo tener mayor satisfacción.

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