lunes, 20 de abril de 2009

Suspensorio


Hace muchos, muchos años, un chico de escasos 13 años se preguntaba por quién era. Estaba confundido, no sabía por qué se sentía diferente al resto de los chicos de su edad. En una ocasión el abusador del salón se le paró en frente en la clase de educación física y le dijo “¿quieres ver pelos?” y se bajó un poco el pantaloncillo corto dejando a nuestro chico atónito. Más tarde en un viaje escolar a Oaxtepec, el chico más guapo de la escuela le preguntó “¿tu ya tienes pelos”.
El tema de los pelos era todo un asunto para estos chicos pero todo quedó atrás cuando en ese viaje de la escuela vieron que el profesor con el que viajaban no sólo tenía pelos, sino que tenía el cuerpo totalmente cubierto por una espesa mata de pelo. ¡wow! Todos se sintieron absolutamente lampiños en ese momento.
Nuestro amiguito se fue sintiendo más y más atraído por esos pelos. En los vestidores de la alberca donde solía nadar, se bañaban los chicos del equipo de futbol americano. Unos jóvenes de entre 20 y 25 años que hacían alarde de su cuerpo y frente a los que se sentía como si lo hubieran colocado en medio de una dulcería. Los había de todos colores, tamaños y presentaciones.
Pero quizás lo que más llamó la atención de este chico que recién estaba descubriendo los cuerpos y la sexualidad, fue una pequeña prenda, muy extraña, que nunca había visto pero que convertía a esos jóvenes en los más deseables personajes. Eran los suspensorios - después supo que así se llamaban- que provocaban que se delatara sólo en medio del vestidor, pues era imposible detener la erección que inmediatamente le provocaban.
Lo que puede una prenda…

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