Hoy finalmente fui a ver una película que me había resistido mucho a ver pues no confiaba en su contenido pero ante las semanas de insistencia de mi pareja finalmente accedía que fuéramos a ver “Los declaro marido y Larry”
Como lo esperaba la película fue un completo fiasco con el agravante de que destilaba homofobia en cada escena con ese toque de comedia y una pisca de drama que tanto les encanta a nuestros vecinos del norte.
Por supuesto, el público reía a carcajadas con cada situación que ahí se presentaba pues evidentemente la película resultaba efectiva en su objetivo: hacer por enésima vez del gay el objeto de la risa de los demás.
Por supuesto, la película recurre a los más gastados estereotipos para referirse a los sujetos gay. No es gratuito en ese sentido que el tipo más rudo de los personajes de la cinta, al asumir su homosexualidad inmediatamente se tuerza totalmente haciendo más cómico al sujeto afroamericano, bodybuilder que cual mariposón aprovecha cualquier oportunidad para aparecer en la más absoluta jotería.
Los personajes centrales de la película, obviamente, son los únicos que no se contonean, ni sueltan risitas estúpidas pues ellos NO son maricones, y por tanto no logran cumplir su objetivo que es hacerse pasar por gays. Pero ¿cómo unos sujetos tan profundamente heterosexuales podrían pasar por gay? Imposible! En cambio el hijo de uno de esos sujetos ya desde chiquito se le nota lo marica: baila, canta, juega a la comidita, no le gusta el beisbol.
Así, a lo largo de dos horas tenemos que soportar esta cascada de estereotipos, aunque como película correcta que es, al final nos manda un gran mensaje: los maricas también son personas y tienen derechos.
Por otra ocasión más unos heterosexuales compasivos y de buen corazón, serán los que terminen salvando la causa homosexual.
P.D. por si algo le hubiera faltado también tiene una fuerte dosis de misogínia, obviamente!
sábado, 27 de octubre de 2007
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