
"En el enamoramiento y en el amor se manifiesta una buena porción de estupidez. A este respecto, recomiendo leer las cartas de amor de uno mismo, con un alejamiento en el tiempo de unos veinte o treinta años. Se le subirán los colores ante ese documento desierto de necedad, soberbia, prepotencia y ceguedad: un contenido trivial, un estilo penoso. A uno le parece casi incomprensible que un ser humano, aunque sólo sea medianamente inteligente, haya podido estar nunca en condiciones de sentir, pensar y escribir semejantes tonterías. Evidentemente, si se es amable, es algo que se puede llamar infantil, digno de compasión e incluso conmovedor. Y, sin embargo, parece adecuado hablar de una estupidificación temporal del ser humano por el amor. Sabido es que no se puede sostener una conversación normal con un enamorado, y mucho menos sobre el objeto de su amor. Las advertencias mejor intencionadas, argumentos irrefutables y observaciones evidentemente ciertas rebotan en un gran “pero”: “¡Pero es que yo la quiero (o lo quiero)!”, o bien , peor aún, se consideran actos hostiles, inspirados por la envidia, y se corresponden en consecuencia…" (pp. 38-39)
Patrick Süskind, Seix Barral, 2006
No hay comentarios:
Publicar un comentario